La familia del zar

Starez San Ambrosio de Optina
San Ambrosio de OptinaEl starez hierosjimonje Ambrosio nació el 23 de noviembre del año 1812 en la aldea Gran Lipoviza (provincia de Tambov). Sus padres eran el sacristán Miguel Feodorovich Grenkov y su esposa Marta Nicolaevna. Su abuelo era el sacerdote del pueblo. En el día del nacimiento del niño Alejandro se congregó mucha gente dentro y fuera de la casa del padre Feodor. Ambrosio diría en broma después: "Entre mucha gente he nacido y así sigo viviendo." Miguel Feodorovich tuvo ocho hijos, cuatro varones y cuatro mujeres. Alejandro (Mijailovich) fue el sexto de ellos.
Era un chico muy despierto, alegre e inteligente. Según la costumbre de aquella época, aprendió a leer con el alfabeto eslavo, el libro de los Salmos y el libro de las Horas. En las fiestas cantaba y leía en la iglesia, acompañando a su padre. Nunca vio ni escuchó nada malo ya que se crió en un ambiente estrictamente eclesiástico y religioso.
Al cumplir 12 años fue mandado a estudiar al primer curso del colegio religioso de Tambov. Estudiaba bien y al terminarlo en 1830 ingresó al seminario de la misma ciudad. El estudio seguía sin costarle esfuerzos. Así recordaba después un compañero suyo del seminario: "Nosotros comprábamos una vela con nuestros últimos ahorros y estudiábamos durante mucho tiempo las lecciones, mientras que El (Alejandro Grenkov) estudiaba poco pero en los interrogatorios del profesor contestaba como si lo estuviera leyendo: era el mejor." En julio del 1836 Alejandro Grenkov terminó con éxito el seminario, pero no ingresó a la Academia Religiosa ni se hizo sacerdote. El, en su alma, sentía una vocación especial y no se apremiaba a definir su situación; era como si esperara un llamado Divino. Un tiempo trabajó como maestro particular en la casa de un terrateniente y después enseñó en el colegio religioso de Lipezk. Tenía un carácter vivaz y alegre, era ingenioso y bondadoso y por ello era muy querido por sus compañeros de estudio y de trabajo. Durante su último año en el seminario contrajo una enfermedad muy peligrosa e hizo la promesa de hacerse monje si se sanaba. Cuando se curó no olvidó esta promesa pero postergó por varios años su cumplimiento. Pero la conciencia no lo dejaba tranquilo y cuanto más tiempo transcurría más insistentes eran esos reclamos de la conciencia. Los períodos de alegría y despreocupación, propios de un joven, se alternaban con períodos de aguda tristeza, de oraciones y de llanto.
Desierto de OptinaEn una ocasión, parado en un bosque en Lipezk, a la orilla de un arroyo, oyó en su murmullo con total claridad: "¡Alaben a Dios! ¡Ámen a Dios!" Ya en la soledad de su casa le rezó fervientemente a la Virgen María y le rogó que le aclare la mente y le guíe su voluntad. Por lo general, no tuvo una fuerza de voluntad perseverante y ya anciano le decía a sus hijos espirituales: "Vosotros debéis obedecer mis primeras palabras. Yo soy un hombre condescendiente. Si vosotros discutís conmigo, yo podré ceder, pero eso no los beneficiará." En la misma diócesis de Tambov, en el pueblo Troekurovo, vivía en aquel tiempo un famoso starez llamado Ilarión. Alejandro acudió a él para pedir consejo y el starez le dijo: "Ve al Desierto de Optina y adquirirás experiencia. Podrías ir a Sarov pero ahí no hay más starezs expertos como antes" (El starez Serafín del monasterio de Sarov, quien posteriormente fue canonizado como santo, había muerto poco tiempo antes). Cuando llegaron las vacaciones de verano del 1839 Alejandro con Pokrovskii (compañero en el seminario y también profesor del colegio de Lipezk) se fueron en peregrinaje a la Lavra de la Trinidad y de San Sergio, para venerar al "abad de toda Rusia" San Sergio. (La Lavra de la Trinidad y de San Sergio es un famosísimo monasterio).
Después de regresar, Alejandro seguía dudando y no pudo enseguida romper definitivamente con la vida mundana. Esto ocurrió finalmente tras una noche de visita en una casa en la que Alejandro hizo reír a todos los concurrentes. Todos estaban alegres y satisfechos y se retiraron a sus casas de ánimo excelente. Pero a Alejandro Mijailovich, a pesar de que antes también en circunstancias parecidas tuvo sentimientos de constricción, se le presentó nítidamente su promesa a Dios, recordó su fervor en la Lavra de la Trinidad y de San Sergio y sus anteriores largas oraciones y llantos y la definición de Dios dada a través del padre Ilarión.
A la mañana siguiente su determinación maduró y para no vacilar más en ella a causa de lo que pudieran decir sus parientes y conocidos, se fue a Optina sin pedirle permiso siquiera a las autoridades de la diócesis.
En Optina Alejandro Feodorovich encontró personalidades del monacato tales como el abad Moisés y los starez León (Leonid) y Macario. El superior del monasterio era de la misma estatura espiritual: el hierosjimonje Antonio, hermano de Moisés, hombre de piedad y clarividencia.
En general todo el monacato bajo la conducción de los strarezs estaba marcado por las virtudes espirituales. La sencillez (falta de malicia), la mansedumbre y la humildad distinguían a los monjes de Optina. Los monjes jóvenes no solamente eran humildes con los mayores sino también con los iguales, trataban de no ofender de ninguna manera al prójimo y ante el menor malentendido se apresuraban a pedirse perdón entre sí.
Alejandro Grenkov llegó al monasterio de Optina el 8 de octubre de 1839. Dejó al cochero en la recepción, fue enseguida a la Iglesia a la Liturgia y luego fue a ver al starez León y le pidió la bendición para quedarse en el monasterio. El starez le dio su bendición para vivir al principio en la recepción y le encargó copiar el libro "La salvación de los pecadores," traducción del griego moderno de un libro sobre la lucha contra los pecados.
En enero del 1840 Alejandro empezó a vivir en el monasterio sin llevar todavía el hábito. En ese tiempo hubo comunicación epistolar con sus autoridades diocesanas a causa de su desaparición y todavía no había llegado la orden del obispo de Kaluga a la autoridad de Optina para la admisión en el monasterio del profesor Grenkov.
San Ambrosio de OptinaRecién en abril de 1840 se le permitió a A. Grenkov vestir el habito de monje. Al principio era ayudante de celda y lector (de los rezos reglamentados y de los servicios) del starez León y trabajaba en la panadería del monasterio cocinando panes y preparando la levadura. Después en noviembre fue trasladado al "Skit" (sección con un reglamento más severo). De allí el novicio seguía yendo a escuchar al padre León. Allí trabajó un año como ayudante de cocinero y debía ver al starez Macario a menudo: para bendecir la comida, para llamar con campanas para la comida y por otras causas. Aquí tenía la posibilidad de contarle al starez acerca de sus estados espirituales y recibir sus respuestas. El objetivo último era que la persona dominara a las pasiones y que el pecado no se apoderara de la persona.
El starez León quería especialmente al joven novicio, pero con fines educativos en presencia de otros se mostraba muy severo con él para poner a prueba su humildad. Aparentaba ira con él y lo apodó "Quimera" (la flor estéril que hay sobre los pepinos). Pero a los demás les decía que "será un gran hombre." Previendo una muerte cercana el starez León le dijo al padre Macario sobre el novicio Alejandro: "He aquí una persona muy próxima a nosotros, los starez. Yo ahora me siento muy débil, así que te lo entrego, manéjalo como sabes."
Después de la muerte de starez León, el hermano Alejandro se hizo ayudante de celda de Macario (1841-46). En el 1842 fue tonsurado como monje con el nombre de Ambrosio (en honor de san Ambrosio de Mediolano, santo que se conmemora el siete de diciembre). Después lo nombraron hierodiacono en 1843 (monje diácono) y dos años más tarde fue ordenado hieromonje (monje sacerdote).
Su salud en esos años se tambaleó mucho. Durante el viaje a Kaluga para su ordenación como sacerdote el siete de diciembre de 1846, se resfrió y durante mucho tiempo tuvo complicaciones en órganos internos. A partir de entonces nunca más se curó totalmente. Sin embargo no se desesperaba y reconocía que la enfermedad física actuaba benéficamente para su alma: "A un monje le es útil enfermarse, - gustaba decir el padre Ambrosio - uno no debe sanarse de las enfermedades sino tan sólo curarse parcialmente." A otros para consolarlos les decía: "Dios no le exige proezas corporales a los enfermos sino tan sólo paciencia con humildad y agradecimiento."
Desde setiembre de 1846 hasta el verano del 1848 el estado de salud del padre Ambrosio fue tan crítico que fue tonsurado en "sjima" en su celda con su mismo nombre (sjima tiene los votos más severos y al monje le cambian otra vez el nombre y los hábitos). Sin embargo, para sorpresa de muchos, el enfermo empezó a mejorar y a salir afuera a la calle para pasear. Este cambio del curso de la enfermedad fue una clara acción de la fuerza de Dios y el mismo starez Ambrosio decía después: "¡Dios es misericordioso! En el monasterio los enfermos no mueren rápidamente, sino que siguen viviendo hasta que la enfermedad les trae provecho. En el monasterio es provechoso estar un poco enfermo para que la carne se rebele menos, especialmente en los jóvenes, y para que las nimiedades no entren tanto a la cabeza."
No solamente con enfermedades educaba Dios el espíritu del futuro starez sino también al relacionarlo con los monjes mayores, de los cuales no pocos eran hombres de enormes virtudes. Citemos como ejemplo un caso que luego el mismo starez relataba.
Poco después de ser ordenado diácono y tener que oficiar en la Liturgia en la Iglesia de la Entrada al Templo de la Santísima Virgen, el padre Ambrosio se le acercó antes del oficio al altar para la bendición al abad Antonio quien le preguntó: "Y..., ¿ se está acostumbrando?" El padre Ambrosio le contestó confiado: "Sí y gracias a sus plegarias, padre." Entonces el abad Antonio le replicó: "¿Al temor a Dios se está acostumbrando?" El padre Ambrosio comprendió la desubicación del tono de su respuesta en el altar y se turbó." Así es que sabían enseñarnos a tener piedad los starez de antes" - concluyó su relato el padre Ambrosio.
Muy importante para el crecimiento espiritual en esos años fue la relación del padre Ambrosio con el padre Macario. A pesar de su enfermedad el primero quedó como antes bajo la completa obediencia del segundo y le daba cuenta a él hasta los más mínimos detalles. Con la bendición del padre Macario se dedicó a la traducción de libros de los Santos Padres, en particular preparó para la impresión el libro "La Escalera" del santo abad Juan de Sinaí.
Con la ayuda del starez Macario, el padre Ambrosio aprendió sin grandes dificultades el arte por excelencia: "la oración espiritual." Esta arte de los monjes tiene muchos riesgos ya que el diablo trata de llevar a la persona a un estado de "engaño o ilusión espiritual" y puede acarrear muchas penas pues una persona inexperta que lo ejercita sin la adecuada supervisión trata de seguir su propia voluntad mediante excusas aparentemente buenas. Un monje sin un adecuado guía espiritual puede dañar severamente su alma, cosa que le ocurrió al propio starez Macario, que intentó aprender el arte de la oración espiritual sólo. El padre Ambrosio pudo evitar esos peligros y esas penas precisamente por poder contar con un maestro tan experimentado como el starez Macario. Este último amaba mucho a su alumno, pero eso no le impedía someterlo a veces a algunas humillaciones para domarle su amor propio. El starez educaba en él un austero monje dotado de virtudes monacales como la pobreza, la humildad, la paciencia y otras. Cuando intercedían por el padre Ambrosio diciendo que estaba enfermo el starez respondía: "Eso lo sé mejor que tú, pero las reprimendas y las amonestaciones son como cepillos que limpian las suciedades de pecado del monje; sin ellas el monje empieza a oxidarse."
Aún en vida y con la bendición del starez Macario algunos monjes acudían al padre Ambrosio para descubrir sus pensamientos.
Así contaba el abad Marcos (que concluyó su vida en Optina): "Por lo que pude observar el padre Ambrosio vivió ese tiempo sin hablar nada. Acudía a él todos los días para descubrirle mis pensamientos y casi siempre lo encontraba leyendo libros de los Santos Padres. Si no lo encontraba en su celda quería decir que se encontraba con el padre Macario, a quien ayudaba con la correspondencia con sus hijos espirituales o trabajaba traduciendo libros de los Santos Padres. A veces lo encontraba en la cama con lágrimas contenidas y apenas visibles. Me pareció que el starez estaba siempre ante Dios o que siempre sentía la presencia de Dios, como diría el Rey David: "...a Jehová he puesto siempre delante de mí" (Salmo 15(16):8). Es por eso que todo lo que hacía lo trataba de hacer por Dios y para Dios. Por eso siembre buscaba la manera de no ofender a Dios de ningún modo y ese temor estaba reflejado también en su rostro. Tanta concentración en mi starez me producía sensaciones de temblorosa reverencia. No podía sentirme de otra manera. Cuando me arrodillaba ante él para pedirle la bendición me preguntaba muy bajo: "Hermano, ¿ qué me cuentas de bueno?" Conmovido con su concentración yo le respondía: "Perdóneme, padre, por Dios, ¿no llegué en mal momento?" "No! - me contestaba - díme lo que necesitas pero sucintamente." Luego de escucharme con atención me daba con piedad una provechosa enseñanza y con amor me dejaba ir."
Los consejos que ofrecía Ambrosio no venían de sus propios razonamientos a pesar de que tenía una gran capacidad de raciocinio espiritual. Cuando algún hijo espiritual se le acercaba para ser aconsejado, el padre Ambrosio le contestaba como si estuvieran en un ámbito estudiantil y nunca le daba consejos propios sino siempre enseñanzas de acción de los santos Padres."
Cuando el padre Marcos se quejaba de haber sido ofendido por alguien el starez le decía en tono de llanto: "Hermano, hermano, soy una persona moribunda." O bien: "Yo me moriré hoy o mañana. ¿Qué puedo hacer con este hermano? Pues no soy el superior. Hay que reprocharse a sí mismo y tener humildad con el hermano y así te tranquilizarás" Esta respuesta provocaba en el padre Marcos sentimientos de arrepentimiento, quien humildemente le pedía perdón al starez y salía tranquilizado y consolado, era como si saliera volando con alas.
El padre Macario le acercaba a Ambrosio, además de monjes, sus hijos espirituales del mundo común. Al verlos hablar con él el padre Macario decía en broma: "¿ No ven como el padre Ambrosio me quita el pan?" Era así como el padre Macario se preparaba un digno sucesor. Cuando el starez Macario falleció (el siete de setiembre de1860), las circunstancias se fueron dando paulatinamente para que el padre Ambrosio fuera puesto en su lugar. Cuarenta días después de la muerte del starez, el padre Ambrosio se mudó a otro edificio cercano a los límites del skit y a la derecha del campanario. Al oeste de este edificio se había un anexo para recibir a las mujeres, quienes no podían entrar en el skit. Durante treinta años (hasta su partida a Shamordino) vivió aquí el padre Ambrosio, sirviendo por su propia cuenta al prójimo.
Tenía dos ayudantes de celda: los padres Miguel y José, quien luego también fue starez. El principal encargado de la correspondencia era el padre Clemente Sederholm, un hombre muy erudito y maestro en literatura griega que tomó la ortodoxia siendo hijo de un pastor protestante.
Para escuchar las reglas de oración matutinas, el starez se levantaba a las cuatro de la mañana, tocaba el timbre para que vinieran los ayudantes para leer las oraciones matinales, doce salmos elegidos y La Primer Hora. Después se quedaba sólo para la "oración espiritual." Hacía un breve descanso y seguía escuchando "Horas": la tercera, la sexta con Típicas y, de acuerdo al día, el canon con acafist (akathistos) al Salvador o a la Virgen María. (El canon es un conjunto de himnos - generalmente nueve - donde se glorifican al Salvador, a La Santísima Virgen, a un santo o a una fiesta; el "acafist" es un conjunto armonioso de cánticos, mientras que se leen y cantan hay que permanecer de pie). El starez permanecía parado durante los "acafist" y después de ello y un liviano desayuno comenzaba un día de entero trabajo con un breve intervalo a la hora del almuerzo. La comida que ingería el starez era la que come una criatura de tres años. Durante la comida los ayudantes le seguían trasmitiendo las preguntas de los visitantes. Después de un breve descanso el intenso trabajo continuaba hasta muy tarde. A pesar del cansancio extremo y la salud enfermiza del starez el día terminaba indefectiblemente la regla de oraciones nocturnas consistente en las Vísperas Menores, el Canon al Angel de la Guarda y las oraciones nocturnas. Por los continuos anuncios de visitantes, a quienes debían acompañar a la entrada y a la salida, los ayudantes apenas podían mantenerse en pie. A veces el mismo starez yacía casi desmayado. Después de leer las oraciones el starez le pedía perdón a los presentes por sus pecados de "acción, palabra o pensamiento." Los ayudantes de celda recibían la bendición para irse. Cuando sonaba el reloj y el starez con débil voz preguntaba la hora y le contestaban que eran las doce, decía: "Nos hemos atrasado"
Dos años más tarde lo afectó una nueva enfermedad. Su salud frágil se debilitó aún más. Desde ese tiempo no pudo ir más a la iglesia y debía tomar la Comunión en su celda. En 1869 su estado empeoró tanto que se perdieron las esperanzas de una recuperación. Se trajo el icono milagroso de la Madre de Dios de Kaluga. Después de un Moleben (oficio en el que se pide o agradece algo a Dios), las oraciones reglamentadas para la celda y la posterior extrema unción, la salud del starez empezó a mejorar, pero su extrema debilidad no lo abandonó ya en toda su vida.
Tales graves recaídas se repetían muchas veces. Es difícil de imaginar cómo pudo, tan maniatado por penosas enfermedades y con una total falta de fuerzas, recibir diariamente grandes cantidades de gente y contestar a decenas de cartas...Sobre él se cumplía efectivamente la frase: "La fuerza Divina se manifiesta en la debilidad." Si no hubiera sido un recipiente elegido por Dios a través del cual el mismo Dios actuaba y hablaba, tales proezas y tan enorme trabajo nunca hubieran podido haber sido realizadas por ninguna fuerza humana. La benevolencia Divina estuvo aquí presente y cooperaba. Era evidente la acción de la Vivificadora Gracia Divina que estaba presente y ayudaba a cumplir esas hazañas.
La gracia de Dios, que en tal medida tenía el starez, era la fuente de los dones espirituales con los que servía a los prójimos a consolar a los apenados, a consolidar en la fe a los que dudaban de ella y a enseñarles a todos el camino de la salvación.
Entre los dones de gracia espirituales del starez Ambrosio que atraían a miles de personas en primer lugar estaba el don de clarividencia. Penetraba profundamente en el alma humana y leía en ella como en un libro abierto sin necesidad de que el interlocutor tuviera que contárselo. Con una alusión leve, que ningún otro notaba, le mostraba a la persona sus debilidades y le obligaba a reflexionar seriamente sobre ellas. Una dama que acudía frecuentemente al starez Ambrosio tenía una fuerte afición al juego de cartas y tenía vergüenza de contarlo. Una vez esta dama en una recepción con otra gente le pidió al starez una tarjeta. Entonces el starez con su particular mirada fija la miró atentamente y le dijo: "¿Cómo es eso, madre? Nosotros, aquí, en el monasterio no jugamos a las cartitas"(en ruso "cartitas" y tarjeta son significadas por la misma palabra). Ella entendió la indirecta y le confesó al padre su debilidad. Con su clarividencia el starez provocaba gran asombro y provocaba en muchos el deseo de entregarse a su dirección, convencidos de que el starez sabía mejor que ellos mismos lo que ellos necesitaban y lo que era bueno o malo para ellos.
Una joven muchacha, que había terminado los cursos superiores en Moscú, cuya madre hacía mucho tiempo que era una hija espiritual del padre Ambrosio, nunca lo había visto, no lo respetaba y lo llamaba "hipócrita" al starez. Su madre la convenció de visitarlo. Ella se dispuso detrás de toda la gente y cerca de la puerta. El starez entró y con la puerta tapó a la joven. Después de rezar y mirarlos a todos, de pronto miró detrás de la puerta y dijo: "¿Y ahí quién está? ¿La Fe lo vino a ver al hipócrita?" Después de esto conversó con ella a solas y ella cambió su conducta con él y lo empezó a querer y luego ingresó al monasterio de Shamordino. Aquellos que con total confianza se entregaban a la guía del starez nunca se arrepentían de ello aunque a veces los consejos a primera vista parecían raros y totalmente irrealizables.
Habitualmente una multitud se reunía para ver al padre Ambrosio. Pasó una vez que una joven, a la que habían convencido de visitar al padre, estaba muy alterada por tener que esperar tanto. De repente se abrió la puerta y el starez aparece y con voz alta dijo: "Quien aquí es impaciente acérquese," se aproximó a la joven y la invitó a entrar. Después de la conversación con él se hizo frecuente huésped de Optina y visitante del starez Ambrosio.
Una vez, cerca de la entrada se reunió un grupo de mujeres y una de ellas, de avanzada edad y con cara enfermiza contaba sentada sobre un tronco que ella vino a pie desde Voronezh con las piernas enfermas con la esperanza de ser curada por el starez. A siete kilómetros del monasterio ella se extravió, perdió las fuerzas en caminos tapados por la nieve y se cayó en llantos sobre un tronco tirado. En ese momento se le aproximó un anciano con hábitos de monje, le preguntó por qué lloraba y le señaló con el bastón el camino. Ella siguió la dirección indicada y enseguida, detrás de unos arbustos, pudo ver el monasterio. Todas pensaron que aquel anciano era algún guardabosque cercano al monasterio o alguno de los monjes. De repente salió el ayudante de celda y preguntó: ¿dónde está Avdotia de Voronezh? Todas guardaron silencio mirándose unas a otras. El ayudante repitió la pregunta más fuerte y agregó que el padre la llamaba. "¡Pero Avdotia de Voronezh soy yo!" - dijo la recién llegada de las piernas enfermas que contaba el relato. Todos se apartaron y ella rengueando entró a la casita. Quince minutos más tarde, salió llorando y dijo que el anciano que le había indicado el camino era el mismo padre Ambrosio o bien alguien muy parecido. Sin embargo en el monasterio nadie se le parecía. El starez en época de invierno no pudo haber salido de su celda por su estado enfermizo; sin embargo se le apareció de pronto en el bosque a la peregrina para indicarle el camino y media hora más tarde la reconoció ni bien llegó.
He aquí otro ejemplo de la clarividencia del starez Ambrosio, contada por uno de sus visitantes, un empresario contratista:
"Un poco antes de la muerte del starez, unos dos años antes, yo tenía que viajar a Optina para recibir dinero del abad. Nosotros habíamos hecho un iconostasio (pared con íconos que separa a un altar del resto de la iglesia) allí y por ese trabajo debía recibir una cantidad bastante importante de plata. Recibí el dinero y fui a pedirle la bendición al padre Ambrosio para el viaje de vuelta. Yo tenía prisa para volver a casa pues al día siguiente esperaba unos clientes para realizar un importante contrato de unos 10.000 rublos y ellos tenían que venir sin falta al día siguiente a mi casa en K. Al starez, como siempre, esperaba muchísima gente, pero se enteró que lo estaba esperando y por su ayudante me invitó tomar té con él a la tarde. A pesar de mi apuro pero por el honor y la alegría que me provocaba estar con el starez y tomar el té con él decidí posponer mi partida hasta la tarde con la convicción de que podía llegar a tiempo, aunque fuera viajando toda la noche.
A la hora señalada fui a lo del starez. Me recibió el padre Ambrosio con tanta alegría y tan contento que yo sentía que no había tierra debajo de mí. Estuve con el starez por un tiempo bastante largo y cuando ya casi estaba por anochecer me dijo: "Ve con Dios. Esta noche duerme aquí y mañana te bendigo para que vayas a la Liturgia y después ven a tomar el té conmigo." "¿Cómo es esto?" - pensé pero no me atreví a negarme. Pasé la noche, fui a la misa y me dirigí después a tomar té con el starez y me angustié al pensar en los clientes y seguía pensando en poder llegar esa noche a K. Después de tomar el té quise pedirle la bendición para viajar, pero no me dio tiempo ni siquiera para abrir la boca y me dijo: "Ven esta noche a dormir aquí." Casi me desmayé, pero no me atreví a contradecirle. Pasó el día y pasó la noche y a la mañana siguiente me animé y pensé: sea como sea, hoy me voy, puede ser que mis clientes me hayan esperado un día. ¡Pero no! Antes que yo pudiese hablar el starez me dijo que viniera al servicio vespertino y mañana a la liturgia y durmiera de nuevo aquí. ¡Qué cosa! Yo me apené totalmente y hasta pequé contra el starez al pensar con respecto a El: "¡¿Qué clase de clarividente es?! ¿No sabe que yo gracias a él me perdí un gran negocio?" Estaba muy intranquilo con respecto al starez y a la noche en la iglesia ya no podía rezar pues pensaba todo el tiempo: "¡Qué starez! ¿Qué clase de clarividente es? ¡Ahora toda mi ganancia se esfumó! Estaba muy enojado pero después del servicio vespertino el starez me volvió a recibir muy alegre. Yo me amargué y pensé de qué se alegraba tanto y hasta pensé, Dios me perdone, que se estaba burlando de mí. A pesar de mi amargura no le dije nada sobre mis preocupaciones. Durante la tercera noche esa amargura se me fue diluyendo: "de todas maneras lo que pasó tan cerca de las manos ya no se podía recuperar." A la mañana siguiente voy a visitar al starez y me dice: "Bien, ya llegó el tiempo de irte a casa. ¡Ve con Dios! ¡Dios te bendecirá! ¡Y a su tiempo no te olvides de agradecerle a Dios!"
Se me fue toda la tristeza. Salí de Optina indescriptiblemente contento y sin pesares. Pensé para qué me había dicho el padre que no me olvidara después de agradecerle a Dios. "Debía ser porque pude estar tres días en la iglesia" - pensaba. Viajé sin apuro a casa y no pensé más en los clientes y me alegró que el starez me haya tratado así. Llego a casa, atravieso el portón y mis clientes llegan detrás de mí: se habían atrasado tres días de lo pautado. Ahí pensé en los dones de mi starez ¡Qué maravillosas son las acciones Divinas! Sin embargo esto no se terminó aquí. Escuchen lo que ocurrió después.
Poco tiempo después nuestro padre Ambrosio falleció y dos años más tarde se enfermó mi capataz, hombre de mi confianza, que no era simplemente un trabajador sino puro oro. Había estado conmigo por más de veinte años sin interrupciones y ahora estaba por morir. Llamamos a un sacerdote para que pueda confesarse y para darle la comunión mientras estuviera lúcido. Después se me acerca el sacerdote y me dice que el moribundo desea hablar conmigo y me dice que me apure. Fui y me acerqué y mi capataz cuando me vio, empezó a llorar y me dijo: "¡Perdóname mi pecado, patrón! Es que yo te quise matar..." "¡Dios esté contigo! ¡Estás delirando!" "No, patrón, es verdad que te quise matar. Recuerda cuando te demoraste tres días en volver de Optina. Yo convencí a dos personas más y nosotros tres te esperamos tres noches debajo del puente en el camino para matarte y robarte el dinero que traías de Optina. Si no hubiera sido por los rezos de alguien hubieras muerto esa noche y el Señor te hubiera llevado sin que te pudieras arrepentir... ¡Te pido que me perdones a mí, que soy un ser maldito! ¡Deja por Dios partir a mi alma en paz!" "Que Dios te perdone así como yo te perdono." Entonces el enfermo empezó a roncar y a fallecer. ¡Que en paz descanse! ¡Grande fue su pecado, pero también grande fue su arrepentimiento!"
La clarividencia de starez Ambrosio se combinaba con otro don valioso, muy importante para un buen pastor: la sensatez, el buen juicio. Sus sermones y consejos resultaban ser teología palpable y práctica para la gente. Era habitual que el starez diera sus enseñanzas de un modo casi gracioso, con lo cual animaba a los desesperados. Sin embargo esta manera no disminuía en nada el sentido profundo de sus dichos. La gente se ponía a pensar involuntariamente en las expresiones metafóricas del padre Ambrosio y por mucho tiempo recordaban la lección. A veces en recepciones de varias personas se oía la invariable pregunta: "¿cómo vivir ?" El starez respondía plácidamente: "Debemos vivir sobre la tierra como gira una rueda: apenas llega a tocar la tierra en un solo punto y con todo el resto tiende a ir para arriba; pero nosotros ni bien nos acostamos no podemos levantarnos."
He aquí, como ejemplo, algunas otras sentencias del starez:
"Donde hay sencillez hay cientos de ángeles pero no hay ninguno donde es complicado"
"No te vanaglories garbanzo de que eres mejor que el poroto pues cuando te mojas - explotas."
"El hombre se hace malo porque se olvida que Dios está encima de él."
"El que piensa que posee algo, lo perderá."
La sensatez del starez se extendía también a las cuestiones prácticas alejadas de los problemas espirituales. He aquí un ejemplo:
Una vez vino un rico terrateniente de Orel y contó que quería instalar agua corriente para sus grandes plantaciones de manzanos. El padre enseguida se interesó y empezó con sus palabras habituales para estos casos: "La gente dice, la gente dice que lo mejor es hacerlo así"; y luego con todo detalle le explicó cómo instalar los acueductos. El terrateniente al regresar a su casa empiezó a leer los últimos adelantos en el tema y notó que el padre le había descrito los últimos inventos en esta materia. El terrateniente volvió a Optina y el padre le preguntó: "¿Cómo anda el acueducto?" En ese momento en todas partes se echaban a perder las manzanas mientras que este terrateniente obtenía una abundante cosecha de manzanas.
La sensatez y la clarividencia del padre Ambrosio se combinaban con una ternura de corazón extraordinaria, semejante a la maternal, gracias a la cual el starez podía aliviar las más grandes penas y consolar las almas más afligidas.
Una mujer de Kozelsk, tres años después de la muerte del starez, en 1894, contaba lo siguiente: "Tenía un hijo que trabajaba en el telégrafo repartiendo telegramas. El padre nos conocía a los dos. Era frecuente que mi hijo le llevara telegramas y yo iba para que me bendiga. Pero mi hijo enfermó de tuberculosis y falleció. Fui a él pues nosotros siempre íbamos a él con nuestras penas. Me acarició la cabeza y me dijo "Tu telegrama se interrumpió" "Si, se interrumpió" le contesté y me puse a llorar. Y me sentí tan aliviada en mi espíritu a causa de su cariño que sentí como que me sacaban una piedra de encima. Nosotros vivíamos cerca de él como con un verdadero progenitor. Ahora no hay starezs como él. Pero posiblemente en el futuro Dios nos envíe otros."
El amor y la sapiencia eran precisamente las cualidades del starez que atraían a la gente. Desde temprano hasta muy tarde acudían a él con urgentes preguntas, en las que penetraba profundamente y las que se convertían en los minutos de la consulta en el objeto de su total preocupación. Enseguida descubría la esencia del asunto, la descubría de una manera sorprendentemente sabia y daba la respuesta adecuada. Pero durante los diez o quince minutos de entrevista el padre Ambrosio no solamente resolvía ese asunto y sus consecuencias sino que además abarcaba con su corazón todos los aspectos de la vida de la persona, con sus aficiones y sus deseos, es decir todo el mundo externo e interno de la persona. Sus palabras y sus indicaciones no sólo demostraban un gran amor a su interlocutor sino también hacia todos sus seres queridos, a su vida y a todo lo que le era caro a esa persona. Al ofrecer su solución el padre Ambrosio no sólo tenía en cuenta el asunto independientemente de las consecuencias que podía acarrearle a esa persona como a otras personas si no que tenía en cuenta todos los aspectos de la vida de algún modo relacionados con el asunto. ¿Cómo eran las tensiones mentales para solucionar tales problemas? Lo consultaban decenas de hombres y mujeres comunes, sin contar a los monjes y al medio centenar de cartas cotidianas que eran recibidas y contestadas. La palabra del starez tenía el poder basado en su cercanía con Dios, que le otorgaba tal omnisapiencia. Era un servicio de naturaleza profética.
Para el starez no había casos pequeños. Sabía que todo en la vida tiene su valor y sus consecuencias y por eso no había pregunta a la cual no contestara dándole importancia y deseo de bienestar. En una ocasión una mujer que era empleada en el cuidado de pavos estaba desesperada porque los pavos se le morían y la terrateniente la quería despedir. Ella, llorando, paró al starez y dijo: "Padre, no tengo más fuerzas, los cuido más que a mis propios ojos y me preocupo por ellos pero igual se mueren. Mi patrona me quiere despedir. Apiádate de mí, querido." La gente presente se reía de ella. Pero el starez le preguntó cómo alimentaba a los pavos, le aconsejó mantenerlos de otra manera, la bendijo y la dejó ir. A los que se reían de ella les dijo que esos pavos eran la vida de ella. Después se supo que los pavos que cuidaba esa mujer dejaron de morirse.
Las curaciones milagrosas del starez son muy numerosas y imposibles de nombrar en este corto artículo. El padre Ambrosio siempre trató de ocultarlas. Lo que hacía a veces era mandar a enfermos al Desierto a visitar un manantial y a San Tijon de Kaluga. Antes del starez Ambrosio no se había oído de sanaciones en ese lugar y se puede pensar que san Tijon empezó a curar a la gente por las oraciones del starez. A veces el padre Ambrosio enviaba a los enfermos a lo de san Mitrofan de Voronezh. Hubo casos que la gente se sanaba en el camino hacia allá y regresaba para agradecerle al starez. A veces golpeaba con la mano la cabeza de alguna persona, como en una broma, pero la enfermedad desaparecía. Una vez un lector leía oraciones y estaba aquejado de un fuerte dolor de dientes. De repente el starez le dio un golpe y los presentes creyeron que lo recibió por un error en su lectura pero en ese momento su dolor desapareció. Conociéndolo al padre, algunas mujeres le pedían: "¡ Pégueme, padre Ambrosio que me duele la cabeza!"
Su fuerza espiritual algunas veces se manifestaba en casos absolutamente excepcionales. En una ocasión el starez Ambrosio iba encorvado con bastón por el camino al skit y vio un carro parado cargado y al lado un caballo muerto acostado y un campesino que lloraba. La pérdida del caballo con el que se ganaba el sustento para un campesino era una tragedia. El starez se acercó al caballo muerto, empezó a caminar alrededor lentamente, tomó una fusta, le pegó al caballo y le gritó: "¡Levántate haragán! "Y el caballo se levantó obediente...
A mucha gente el starez Ambrosio aparecía a la distancia (de manera semejante a como lo hacía san Nicolás) para sanarla o salvarla de un desastre. A algunos, muy pocos, se le presentó en imágenes visibles la fuerza que tenía la intercesión del santo ante Dios. Citemos los recuerdos de una monja, hija espiritual del padre Ambrosio:
"En su celda había candiles encendidos y una pequeña vela de cera en la mesa. Estaba oscuro y no tenía tiempo para leer de los apuntes para la confesión. Le dije al starez lo que recordaba, a la sazón apurada, y luego agregué: "Padre, ¿qué más le puedo decir? ¿De qué más me puedo arrepentir? No me acuerdo de nada" El starez me retó por ello. Pero de repente se levantó de la cama en la que estaba acostado y luego de dar dos pasos quedó en el centro de su celda. Involuntariamente, de rodillas, giré en su dirección. El starez se erguió en toda su estatura, levantó la cabeza y levantó las manos como si estuviera rezando. Me pareció en ese momento que sus pies se separaron del piso. Yo veía su cabeza y su rostro iluminados. Recuerdo que pareció en ese momento que el techo había desaparecido y la cabeza del starez se fue para arriba. Eso me pareció muy claramente. Un minuto después el padre se inclinó hacia mí, que no salía de mi asombro, me persignó y me dijo las siguientes palabras: "Recuerda hasta dónde puede llevar el arrepentimiento. Ve con Dios." Me fui estremecida y toda la noche lloré por mi irrazonabilidad y negligencia. Esa mañana nos dieron los caballos y viajamos. Durante la vida del starez a nadie pude contarle de esto. Una única vez, y para siempre, él me había prohibido contar semejantes casos con la amenaza de "perder su ayuda y su bendición."
De todos los lados de Rusia concurrían a la celda del starez pobres y ricos, intelectuales y gente común. Lo visitaban famosos hombres de estado y escritores: F. Dostoievski, V. Soloviev, K. Leontiev, L. Tolstoi, M. Pogodin, N. Strajov y otros. Y recibía a todos con igual amor y buena disposición. Necesitaba hacer beneficencia siempre. Repartía las limosnas personalmente o por medio de su ayudante de celda. El mismo se preocupaba por las viudas, los huérfanos, los enfermos y los apenados. En los últimos años de su vida a doce kilómetros de Optina, en la aldea Shamordino, fue abierto con su bendición un monasterio para mujeres "Desierto de Kazan," en el cual, a diferencia de otros monasterios de monjas, aceptaban a las más pobres y enfermas. En los años 90 del siglo XIX el número de monjas en este monasterio llegó a quinientos.
Precisamente en Shamordino el starez Ambrosio halló la muerte. El 2 de junio de 1890 viajó allá para pasar el verano como de costumbre. Al final del verano el starez intentó tres veces volver a Optina, pero no pudo por estar muy enfermo. Un año más tarde, el 21 de septiembre de 1891 la enfermedad se agravó tanto que perdió el habla y oído. Allí comenzaron sus últimos sufrimientos, tan graves que él mismo confesó no haber sufrido nunca antes así. El 8 de octubre el hieromonje José le dio la extrema unción (junto con los padres Feodor y Anatolio) y al día siguiente se le dio la Comunión y llegó el superior del "Desierto de Optina" el archimandrita (el rango mayor entre los monjes) Isaakii. Al día siguiente, el 19 de octubre del 1891 a las 11.30 horas, el starez suspiró tres veces, se persignó con esfuerzo y falleció.
La Liturgia funeral y los responsos se efectuaron en el templo de la Entrada de la Virgen al Templo en el desierto de Optina. Al entierro concurrieron cerca de ocho mil personas. El 15 de octubre lo sepultaron al lado de su maestro el hierosjimonje Macario, cerca del mismo templo. Es notable que el starez Ambrosio justo ese día, el 15 de octubre, un año antes instituyó la fiesta en honor del milagroso icono de la Virgen María "La que ayuda con los panes," delante de cuya imagen rezó tantas veces y con tanta devoción.
Inmediatamente después de su muerte empezaron milagros, en los que el starez, de manera similar a la que lo hacía en vida, curaba, enseñaba y llamaba al arrepentimiento.
Pasaban los años. Pero el camino a la tumba del starez no era tapado por el pasto. Vinieron tiempos de grandes conmociones con la Revolución y el monasterio de Optina fue cerrado y devastado y la capilla sobre la tumba de starez fue borrada de la faz de la tierra. Pero la memoria del gran servidor de Dios no se pudo destruir y la gente señaló el lugar donde estaba la capilla y continuaba visitando a su consejero.
En noviembre de 1987 el "Desierto de Optina" le fue devuelto a la Iglesia. En Junio de 1988 el Concilio de la Iglesia Ortodoxa Rusa canonizó al starez Ambrosio de Optina. El 23 de octubre(según el calendario nuevo), en un aniversario de su muerte (instituido como día de santo en su honor), en el desierto de Optina, en presencia de una gran cantidad de peregrinos, se efectuó una solemne Misa episcopal. Para este tiempo ya fueron halladas las reliquias del reverendo Ambrosio. Todos los que participaron en la fiesta sintieron ese día aquella alegría pura e indescriptible, igual a la que gustaba regalar el starez en vida a los que lo visitaban. Un mes después, en el aniversario del renacimiento del monasterio, por gracia de Dios, sucedió un milagro: de noche, después de la misa, en el templo de La Entrada de la Virgen al Templo, aparecieron emanando miro (crisma) el icono de la Virgen de Kazan, las reliquias y un icono de san Ambrosio. Hubo otros milagros relacionados con las reliquias de starez, con las que éste asegura que no nos abandona en su intercesión por nosotros, pecadores, ante Nuestro Señor Jesucristo.
¡Gloria eterna al padre Ambrosio! Amen.








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