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Los
príncipes Boris y Gleb fueron hijos del equiapostólico príncipe
Vladimiro y de la princesa bizantina Ana. Desde su juventud se distinguían
por ser muy religiosos. Por medio de las crónicas se sabe que el
Príncipe Boris amaba el canto de la iglesia. El santo Vladimiro
tenía mucho cariño a sus hijos por la fidelidad a la santa
fe, y por el amor que los hermanos sentían uno por el otro.
Todavía mientras San Vladimiro vivía, el príncipe
Boris recibió el gobierno de Rostov y Gleb el de Múrom.
Ambos eran muy dedicados en difundir en sus principados la fe de Cristo
entre los rudos paganos. San Gleb es considerado como el iluminador en
la fe cristiana de las regiones de Múrom y Riazan, donde, desde
tiempos muy remotos y hasta hoy día, se lo recuerda como el primer
predicador del cristianismo y el protector de esas tierras.
En el año 1015, después de la muerte de San Vladimir, el
gran principado cayó en manos de Sviatopolk, el maldito. Temiendo
que sus Santos hermanos iban a competir con él, resolvió
matarlos. San Boris en ese momento estaba con su ejército cerca
del río Alta. La guardia le proponía ir a Kiev para conquistar
el trono, pero el Santo no quiso ir en contra de los santos lazos familiares,
y con indignación rechazó esta propuesta. Mientras tanto,
Sviatopolk al informar a San Boris del fallecimiento de San Vladimir y
al proponerle su amor y amistad expandiendo el territorio de su principado,
al mismo tiempo, con perfidia, manda asesinos para matarlo. En la noche
de 24 de julio los asesinos se acercaron al pabellón de Boris pero
al oír el canto de los salmos, resolvieron esperar hasta que el
príncipe se duerma. No bien el príncipe se acostó
en su lecho, los asesinos irrumpieron en la tienda y traspasaron con sus
lanzas al príncipe y a su sirviente Jorge, un húngaro, quien
intentó a cubrir al Santo príncipe con su cuerpo. Todavía
respiraba el Santo Mártir cuando los asesinos lo envolvieron en
un manto del pabellón y lo llevaron al Sviatopolk. Este, al saber
que San Boris todavía vivía, mando a dos hombres a darle
una estocada en el corazón. El cuerpo de Santo príncipe
fue llevado en secreto a Vishgorod y enterrado en la iglesia de San Basilio.
Después del asesinato de San Boris, Sviatopolk mandó emisarios
a San Gleb, quien en ese momento se encontraba cerca de Smolensk, para
llamarlo a que vaya a visitar a su padre de quien dijo que estaba gravemente
enfermo. El joven príncipe, ya fue puesto en conocimiento del crimen
cometido por Sviatopolk. Rezaba con lágrimas en sus ojos por su
padre y su hermano, cuando aparecieron los asesinos que mandó Sviatopolk.
Goracer, el jefe de los asesinos, ordenó al cocinero del Santo
príncipe, un turco, acuchillarlo. Esto aconteció el 5 de
setiembre de 1015.
En el año 1019, después de la conquista de Kiev por Jaroslav,
por orden de este príncipe el cuerpo de San Gleb fue encontrado,
llevado a Vishgorod y sepultado junto a San Boris. Al poco tiempo sobre
la tumba de los Santos Príncipes se produjeron milagros. Al incendiarse
y quemarse la iglesia de San Basilio, reliquias de los Santos fueron llevadas
a una iglesia recién construida en Vishgorod en su honor. Al abrir
los ferreteros de los Santos príncipes el Metropolitano Juan y
los sacerdotes que acompañaban se encontraron frente a un hecho
milagroso: los cuerpos de los Santos estaban blancos como la nieve y sus
rostros irradiaban una luz celestial, en el aire se sentía un perfume
especial.
En el año 1240, cuando el príncipe mongol Batey invadió
Kiev, las reliquias de los Santos Boris y Gleb desaparecieron. La memoria
sobre los dos Príncipes - Mártires es venerada en Rusia
desde tiempos inmemorables, lo que atestiguan las muy numerosas Iglesias
parroquiales construidas en su honor en todos los rincones de Rusia que
quedaron indemnes hasta nuestros días.
El pueblo ruso veía a los Santos Principes-Mártires como
los protectores que rezaban e intercedían por él. Las crónicas
contienen numerosos testimonios de las milagrosas curaciones que tuvieron
lugar frente a las reliquias de los Santos Príncipes y también
sobre las victorias obtenidas gracias a su ayuda. |