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El
santo jerarca Ignati, nombre laico Dimitri Brianchanínov, nació
el 5 de febrero de 1807 en Pokróvskoe, poblado de la gobernación
de Vólogda. La antiqua familia noble de Brianchanínov procede
del boyardo Mijaíl Brianko quen cayó como héroe en
la batalla de Kulikovo bajo el confalón del gran príncipe
san Dimitri Donskói. Aunque la juventud de Dimitri Brianchanínov
coincidió con el período de afición de las clases
cultas a la mística no cristíana, desde su niñez
se sintió atraído por el purísimo ideal de la vida
espiritual y la imagen angélica, es decir, por el monacato y la
suprema "ciencia de las ciencias". Al reconocer a la Santa Iglesia
Ortodoxa como la mayor autoridad terrenal, toda su vida aspiraba a comprender
activamente la Tradición y el espíritu de la Ortodoxia,
y a concordar con éste toda su vida. A la edad de 15 años,
por voluntad de su padre, Dimitri fue matriculado en la Escuela Superior
de Ingenieros de San Petersburgo. Como aventajado estudiante, el joven
pronto llega a la conclusión de que para llegar a heredar la vida
eterna, el único fin de la vida humana en la tierra, las ciencias
humanas no le son útiles. "Si empleo todo el tiempo de la
vida terrenal para la búsqueda de conocimientos que se limitan
a esta vida terrenal, entonces ¿qué llevaré conmigo
hasta más allá de los límites de la substancia bruta?..
Quien se satisface con los conocimientos que proporciona la filosofía,
no sólo no recibe nociones correctas sobre Dios, sobre sí
mismo y sobre el mundo espiritual, sino que, al contrario, se contagia
con nociones perversas, que corrumpen la mente y la hacen incapaz de tratar
con la Verdad porque es contagiada y deteriorada por la mentira... La
filosofía, habiendo sido engendrada por la caída del hombre,,
contribuye a esta caída, la enmascara, la preserva y la alimenta.
Teme a la doctrina de la Verdad, porque ésta es una condena mortífera
para ella". En busca de la verdad, Dimitri ruega celosamente a Dios
que "no lo sacrifique al error", y el Todopoderoso le manda
una idea salvadora:
"Hay
que estudiar la fe en sus fuentes, en las escrituras de los Santos Padres",
cuya santidad "garantiza su fidelidad; hay que elegirlos como instructores".
El joven lee atentamente las obras de los Santos Padres de la Iglesia
Ortodoxa y siente admiración por la maravillosa concordancia de
sus doctrinas. Se le abre la verdad a la cual su alma tanto aspiraba:
la cognición, de "lo que hizo Cristo por la humanidad, en
qué consiste la caída del hombre y por qué era necesario
el Redentor", y escribe:
"El único camino a la salvación consiste en seguir
indeclinablemente los preceptos de los Santos Padres... La lectura de
sus obras me ha convencido con toda claridad de que la salvación
en el seno de la Iglesia Rusa es indudable, de lo que están privadas
las religiones de Europa Occidental, porque no han conservado la integridad
dogmática y moral de la Iglesia de Cristo originaria... Me ha mostrado
que todas las ocupaciones, placeres, honores y privilegios terrenales
son juguetes vanos, con los cuales los niños adultos juegan para
perder la felicidad eterna... Todo lo terrenal no vale nada ante Cristo,
Dios Todopoderoso. ¡No vale la pena servirle al mundo visible y
ocuparse de el! Pues éste recompensa a sus servidores dándoles
primero juguetes, luego el ataúd y la putrefacción, la oscuridad
del futuro, los sollozos de los familiares y el rápido olvido.
Los servidores de Cristo tienen otras recompensas: pasan la vida de aquí
estudiando la Verdad e huyéndose en ella. Así transformi^S
dos, se compenetran con el Espíritu Santo y entran en Ía
eter^ ya informados brevemente habiendo preparado su fe en ella, y enterados
de la salvación... Hoy hay muchos conocimientes diversos, pero
el conocimiento de la Verdad ha abandonado a la gente" A la edad
de 20 anos Dimitri decide firmente ingresar al cuerpo de los servidores
de Cristo, "abandonar el mundo y consagrar su vida terrenal a la
tarea de conocer a Cristo y asimilarse a El" porque "ha encontrado
la Verdad y la ha visto cláramente para desearla" A la brillante
carrera laica prefirió desididame la vocacion de ser humilde servidor
del Senior, teniendo en su corazón a un solo Creador Misericordioso.
En
la consecucion de deseos espirituales, Dimitri traba conocimiento con
los monjes del monasterio de la Presentation, de Valaam , y con los de
la laura de san Alejandro Nevski. Bajo la influencia de las conversaciones
con el hieromonje Leonid (+l841), futuro starets del ermitorio de Opta,
se convierte en su hijo espiritual y decide seguirle
En el camino hacia la vida monacal, Dimitri tivoque sifrir muchas penas
y contrariar la voluntad de sus superiores como de padres.No bien termina
su brillante carrera en la Escuela Superior de Ingenieros en 1826, cuando
en seguida entrega su solicitud de dimision. El propio emperador Nicolas,
que conocia personalmente a Brianchaninov, trato de convencer de que no
abandonara su carrera, pero fue inutil. La dimision le fue denegada, pero
ya en 1827 el futuro santo jerarca fue licenciado por estar gravemente
enfermo. Al obtener la libertad, Dimitri ingresa inmediatamente como novicio
al monasterio de san Alexandr Svirski, en la gobernacion de Olenets, donde
entonces residia el starets Leonid. Por su verdadera humildad Dimitri
recibio la especial gracia de Dios. Un dia, al cumplir la obediencia en
el refectorio,puso el plato en la ultima mesa, a la cual estaban sentados
los novicios y dijo para sus adentros: " Reciban de mi, siervos de
Dios, este servicio humilde". De subito sintio el extraordinario
efecto de la. "Cayo en su alma una dulce consolacion" plegaria
que le hizo incluso tambalearse y que no le abandono por mas de veinte
dias. Otra vez tuvo una vision en la que el venerable Alexandr Svirski
le anunciaba que tenia que pasar al otro monasterio.
Dios
quiso que Dimitri, antes de tomar el hábito, peregrinase largo
tiempo por diversos monasterios. Un año más tarde, Leonid
se trasladó con sus discípulos al ermitorio Ploschánskaya
de la celda eparquía de Oriol. Para aquel entonces a Dimitri ya
no le bastaba con la guía espiritual del starets Leonid. Pronto,
en un sueño, recibió de Dios la visión de la Cruz,
lo que testimoniaba su "renuncia sincera al mundo y a todo lo terrenal",
y le anunciaba sufrimientos purificadores. Después de esta visión,
el starets Leonid permitió a Dimitri Brianchanínov y a su
amigo Mijaíl Chijáchev llevar una vida ascética independiente
en una aislada. Sin embargo, pronto el starets Leonid y sus discípulos
tuvieron que trasladarse al ermitorio de la Presentación, fundado
por Opta, en la eparquía de Kaluga. Allí la salud de Dimitri
empeoró a más no poder. Al mismo tiempo, su madre enfermó
gravemente y le mandó una carta rogándole que viniera a
verla.
Después de visitarla, Dimitri se fue al monasterio de san Cirilo,
de Novoezersk, pero a causa del clima húmedo es presa de una fiebre
cruel y regresa a Vólogda. Un poco recuperado, con la bendición
de Stefán, obispo de Vólogda, Dimitri pasa a hacer su voto
de obediencia en el ermitorio de la Dormición, en Semigorodnoe,
y en el monasterio de san Dionisio, en Glushitsi, en la eparquía
de Vólogda.El 28 de junio de 1831, el obispo Stefán ordena
monje a Dimitri Brianchaninov y le da el nombre de Ignati en honor al
hieromártir san Ignacio el Teóforo. El 25 de julio del mismo
año, el jerarca de Vólogda ordena a Ignati como hieromonje,
y en enero de 1832 lo designa superior del monasterio de san Grigori Peishemski,
en Lóptovo. De las actividades del Ignati, que hizo un gran aporte
al resurgimiento del monasterio, se enteraron en San Petersburgo. Al mismo
tiempo, la duquesa Ana Orlova-Chesmenskaya, famosa benefactora, a la cual
Mijaíl Chijachev y el hiúmeno Ignati habían conocido
a través del archimandrita Foti, superior del monasterio de Yuriev,
de Nóvgorod, y celoso defensor de la Ortodoxia, solicitó
que Ignati fuera trasladado a un monasterio con clima más sano.
En 1833, el hiúmeno Ignati fue llamado a la capital y el propio
emperador Nicolás le encomendó dirigir el , situado cerca
de San Petersburgo, con el fin de transformarlo en un monasterio modelo.
El archimandrita Ignati, que entonces tenía 27 años, tuvo
que restablecer los templos y edificios, y ocuparse de la agricultura.
Pero su preocupación principal fue instituir un orden riguroso
en todo, según las reglas monásticas, y arreglar el bienestar
espiritual interno. Para la cofradía el archimandrita Ignati no
era sólo jefe, sino también starets, o sea, un padre espiritual,
que imponía el espíritu del verdadero monacato basándose
en la doctrina de los Padres de la Iglesia. De día, se dedicaba
a la administración y de noche se entregaba a la oración
y a otras proezas monásticas sin dejarse ver. Nos referimos al
testimonio de Sofonia, arzobispo de Turkestán, que conocía
al santo jerarca desde su niñez, cuando eran amigos y soñaban
juntos con encerrarse en un monasterio lejano para entregarse al ascetismo
y trabajar sencillamente en las más humildes obediencias monásticas.
Pasaron muchos años y el archimandrita Sofonia visitó a
su amigo en el ermitorio de san Sergio. Como había oído
decir que el superior vivía en el lujo, preguntó:
"Pues, padre Ignati, ¿dónde están nuestros sueños
sobre la ermita, sobre la vida severa y llena de privaciones?" Sin
decir una palabra, por toda respuesta, el archimandrita Ignati lo llevó
a una habitacion apartada donde Sofonia vio paredes vacías, un
icono con una lamparita inapagable, una humilde en el suelo y nada más.
Así el verdadero asceta Ignati, guiado por su espíritu de
la hu mildad, ocultaba a la gente sus proezas monásticas.
En el ermitorio de san Sergio, el superior era visitado frecuentemente
por hombres de distinto rango y a cada uno tenía que dedicarle
tiempo. A pesar de ese modo de vida, que parecía ser desorganizado,
en su interior el archimandrita Ignati siempre seguía siendo el
ermitaño asceta, en cuales quiera condiciones era internamente
concentrado y hacía constantemente la oración a Jesús.
Le bastaba sólo una mirada para comprender el alma de un hombre,
y mantenía largas conversaciones con quienes buscaban sincermente
la salvación a quienes ilustraba con la palabra de Dios y con los
preceptos y consejos de los Santos Padres. El archimandrita Ignati intercambiaba
cartas con muchas personalidades religiosas y laicas: con Filaret Amfiteátrov,
metropolita de Kíev; con Filaret Drosdov, metropolita de Moscú;
con el escritor Nikolái Gógol, entre otros. El almirante
Najímov, héroe de la guerra de Crimea, recibió piadosamente
el icono del santo jerarca Mitrofani de Vorónezh, que le fuera
enviado a Sebastopol por el santo jerarca Ignatí.
En el ermitorio de san Sergio el archimandrita Ignati pasó por
duras pruebas. El enemigo del género humano lanzó toda su
ira contra el asceta: "Se levantaron y empezaron a silbar las serpientes
de la envidia, la maledicencia y la columnia; aquí fui sometido
a castigos graves, largos y humillantes, sin juicio y sin la menor investigación...-
escribió después el santo jerarca Ignati -. ¡Te agradezco
Señor y mi Dios por todo lo que me ha pasado! ¡Te agradezco
por todas las penas y tentaciones que me enviaste para purificar y curar
mi alma y mi cuerpo manchado y ulcerado por los pecados! ¡Perdona
y salva aquellos instrumentos, que Tú usaste para mi curación,
aquella gente que me injuriaba! ¡Bendícelos en el siglo presente
y futuro! ¡Considera meritorio lo que ellos hicieron por mí!"
En su palabra de consolación a los apenados monjes el archimandrita
Ignati escribió: "Vamos a hacer como Cristo! ¡Vamos
a resignarnos como El!.. no vamos a cuidar nuestro honor, no vamos a quitarle
nuestra cara a los escupitajos, ni nuestras mejillas a las bofetadas;
no vamos a buscar la gloria, la belleza ni los placeres que pertenecen
a este mundo; vamos a realizar el peregrinaje terrenal como peregrino
que no tiene dónde reclinar la cabeza; vamos a recibir la difamación
de la gente, la humillación y el desprecio como atributos inalienables
del camino que elegimos; vamos a luchar tanto en forma abierta como oculta
contra los designios de la soberbia, destituir con todas nuestras fuerzas
estos designios del hombre antiguo que animar su ego bajo diversos pretextos
verosímiles. Entonces el Hijo de Dios, quien dijo: "Habitaré
y andaré entre ellos" (2 Cor. 6.16), aparecerá en nuestro
corazón y nos donará el poder y la fuerza para maniatar
al que es robusto, depredar sus vasos y pisar al áspid y al basilisco...
Se nos dio el mandamiento de seguir a Cristo y llevar nuestra cruz. Esto
significa que debemos siempre estar dispuestos a morir con placer y alegría
por Cristo... Los que aman a Cristo y los que le siguen manifiestan y
prueban su empeño recóndito con el hecho de que soportan
toda pena que El manda, la soportan no sólo con calma, sino también
con perseverancia, con celo, con alegría y con gratitud, cifrando
en Cristo todas sus esperanzas.Esa paciencia es un don de Cristo, y lo
recibirá quien lo pida con su oración humilde y constante
a Cristo, comprobando que es sincero su deseo de obtener el inapreciable
don espiritual de la paciencia, forzando y violando dolorosamente el corazón
renuente a aguantar todas las penas y tentaciones que se le presentan
y suceden".
Agotado por graves enfermedades y viendo el deseo de la dirigencia eparquial
de privarle de su cargo de superior del ermitorio de san Sergio, en 1847
el archimandrita Ignati presenta su solicitud de dimisión, pero
sólo le conceden vacaciones para que se haga tratamiento en el
monasterio de san Nicolás, en Babaev, de la eparquía de
Kostromá.
El archimandrita Ignati tomó otras vacaciones por enfermedad en
1856, y las pasó en el ermitorio de la Presentación, fundado
por Opta, en la eparquía de Kaluga, con el fin de preparar para
sí un ascetario y luego mudarse allí para siempre. Pero
Dios quiso que todavía sirviera a la Iglesia en el rango de obispo.
Al cabo de sus casi veinticuatro años pasados en el ermitorio de
san Sergio, el santo jerarca Ignati lo dejó en pie de prosperidad,
y en este lapso, en el cenobio fueron construidos tres nuevos magníficos
templos. En este ermitorio, el santo jerarca Ignati escribió la
mayoría de sus obras religiosas, editadas más tarde bajo
el titulo de "Experiencias ascéticas". El 13 de octubre
de 1857, por decreto imperial, el archimandrita Ignati fue designado obispo
del Cáucaso y del mar Negro. Su ordenación tuvo lugar el
27 de octubre en la catedral Kazanski de San Petersburgo. El 4 de enero
de 1858, el santo jerarca Ignati llegó a la ciudad de Stávropol
y empezó a dirigir la eparquía, que estaba desorganizada
incluso en el sentido civil a causa de los choques armados con los musulmanes
montañeses. Una de las primeras preocupaciones inaplazables del
santo jerarca fue arreglar debidamente el funcionamiento del Consistorio,
expulsando de allí a las personas que ponían sus intereses
personales por encima de los de la Iglesia. Esto le exigía mucho
trabajo y le acarreaba grandes dolores. En su empeño de perfeccionar
incansablemente sus actividades pastorales, el obispo Ignati imponía
penas suaves a los clérigos culpables, pero era implacable y terrible
con los incorregibles. El santo jerarca Ignati concedía gran importancia
a la educación religiosa. Accediendo a su petición, el Seminario
de Stávropol fue trasladado a edificios nuevos. En su memorándum
"Sobre la necesidad de un Concilio dedicado al estado actual de la
Iglesia Ortodoxa Rusa" propuso: "Crear estatutos de los centros
docentes religiosos conforme a los estatutos monásticos para que
la vida de los educandos sea práctica y estrictamente cristiana,
para que adquieran hábitos firmes en la piedad y para que conozcan
bien el oficio y se acostumbren a las oraciones y a vida eclesiástica".
El santo jerarca se preocupaba incansablemente por que los feligreses
tuviesen ilustración cristiana y por que las bibliotecas eclesiásticas
y parroquiales fuesen siendo provistas de los libros de orientación
estrictamente ortodoxa.
En víspera de la Reforma Campesina, el santo jerarca Ignatí
envió a los sacerdotes dos llamamientos, en los cuales expuso un
criterio evangélico (según Le, 12.13-15) y ordenó
que se guiaran por éste. Los pastores de la Iglesia, si se les
pedía un consejo sobre la cuestión campesina y el reparto
de la tierra, tenían que convencer a todos que obraran ins-prirándose
en la exigencia evangélica de amor al prójimo, y de la inadmisibilidad
de la corrupción, pero se les prohibía categóricamente
dar consejos incluso confidenciales sobre el aspecto material del asunto.
Por sus criterios expuestos en estos llamamientos el santo jerarca Ignatí
fue acusado calumniosamente por Hertzen en su revista "Kólokol"
(La campana).
Durante su estancia en el Cáucaso, el santo jerarca Ignati escribió
sus famosas obras: "Obsequio al monacato contemporáneo"
que contiene doctrina sobre la organización de la vida exterior
e interior de los monjes, "Acerca de los diversos estados de la naturaleza
humana respecto al bien y al mal", "Acerca de la visión
de los espíritus", "Acerca de la salvación y la
perfección cristiana", "Acerca de los milagros y las
señales". En el último trabajo se expone la doctrina
cristiana sobre los milagros y sobre el futuro advenimiento del Anticristo.
En los tres años y medio de su obispado, la eparquía del
Cáucaso y el mar Negro alcanzó pleno bienestar, pero sus
acciones chocaban a menudo con la oposición de las autoridades
eclesiásticas. El santo jerarca Ignati escribió sobre esto
a su hermano Piotr Brianchanínov: "Soy pacífico ante
las acciones del metropolita de Moscú y de otros, porque no se
realizan sin connivencia de Dios, y Dios le lleva al hombre hacia las
metas espirituales por los caminos que, aparentemente, tienen carácter
de disgustos y desgracias".
Sus graves enfermedades no abandonaban al santo jerarca Ignati, y el 24
de julio de 1861 solicitó al Santo Sínodo, que se le licenciase
y se le dejase ir al monasterio de san Nicolás, de Babaev. La solicitud
fue acogida, y el 13 de octubre, el obispo Ignati con varios discípulos
llegó al monasterio de san Nicolás, de Babaev, que por entonces
estaba arruinado. La fe firme en la ayuda de Dios, la sabiduría
y la experiencia ayudaron al santo jerarca Ignati a mejorar en breve plazo
la situación material del cenobio, reparar los edificios y edificar
un majestuoso templo en honor al milagroso icono de la Madre de Dios de
Iberia.
El camino elegido por el santo jerarca Ignati es característico
para muchos archipastores de la Iglesia Rusa: el santo jerarca Tijon de
Vorónezh abandonó la cátedra y se fue al monasterio
de Zadonsk; el primer obispo de la eparquía del Cáucaso,
Ieremia, terminó su vida en un ascetario del monasterio de Cuevas
de Nizhni Nóvgorod; el santo jerarca Feofán el Recluso se
retiró al monasterio Vyshenski. Pero al jubilarse, estos jerarcas
no interrumpían su servicio cristiano en bien del prójimo:
algunos de ellos se convertían en orantes que rogaban incansablemente
por toda la humanidad, mientras que otros, desde su ascetario seguían
iluminando al mundo con sus obras inspiradas por Dios. El santo jerarca
Ignati seguía haciendo ambas cosas.
Todo el tiempo libre que le quedaba después de cumplir las normas
de oraciones y de la administración del monasterio, lo dedicaba
a los trabajos literarios. En el monasterio de san Nicolás, de
Babaev, terminó de redactar muchas de sus obras, entre ellas "Otechnik",
recopilación de máximas y ejemplos de la vda del monacato
antiguo, y "Obsequio al monacato contemporáneo". La última
incluye el magnífico ensayo "Acerca de la paciencia para con
las penas" que expone la doctrina de los Santos Padres de la Iglesia
sobre la actitud cristiana, que permite convertir las penas en instrumento
de salvación del alma cristiana. Allí mismo preparó
para la publicación cuatro volúmenes con sus obras:
"Experimentos ascéticos", "Sermón ascético",
"Obsequio al monacato contemporáneo" y "Otéchnik".
La primera edición de las obras del santo jerarca, impresa entre
1865 y 1867 por cuenta del editor I. Glazunov, supera en calidad a las
dos ediciones actualizadas un poco, estereotipadas de 1886 y 1905. En
el monasterio escribió muchísimas cartas, en las que se
reflejan sus valiosísimas experiencias espirituales. Actualmente
conocemos más de 800 de sus cartas, la mayoría de las cuales
todavía espera su publicación.
Las obras del santo jerarca Ignati no son reflexiones teóricas,
sino una experiencia viva del asceta que llevaba una vida santa, basada
en la Escritura Sagrada y en la Tradición de la Iglesia Ortodoxa.
Decía a su hermano Piotr que no hablaba ni escribía de alguna
proeza ascética sin comprobarla con su propia experiencia y sin
estudiar sus consecuencias. Las obras del obispo Ignati tienen el sello
de la gracia de Dios. Escribió a S.Necháev, procurador general
del Santo Sínodo: "En mi vida hubo momentos - ora durante
graves aflicciones, ora después de un largo silencio - en que en
mi corazón aparecía "la palabra", que no era una
palabra mía, pues me consolaba, me enseñaba y me llenaba
de vida incorruptible y de alegría, y después se iba. A
veces yo tomaba nota de los pensamientos que tanto me iluminaban en esos
momentos felices, las leía más tarde, y veía que
no eran palabras mías, sino que procedían de un medio superior
y que se quedaban como precepto".
Uno de los mayores méritos del santo jerarca Ignati consiste también
en que interpretó la doctrina ascética de los antiguos Padres
de la Iglesia sobre la vida cristiana para aplicarla al estado contemporáneo
de la sociedad humana.
El santo jerarca Ignatí empezó a prepararse para su muerte
con bastante anticipación. La enfermedad se iba agravando, pero
él la vencía: "No teman - escribió - no moriré
hasta que no haya terminado mi servicio a la humanidad y no haya entregado
la palabra de la verdad..." Solía decir a la gente que le
rodeaba: "Cuando me vaya a morir, no llamen al médico, déjenme
morir como cristiano..." Al final de su vida el santo jerarca contemplaba
a menudo las revelaciones celestiales y decía que le era difícil
volver su mente a los quehaceres terrenales.
El santo jerarca falleció el 30 de abril de 1867, el Domingo de
las Miróforas, segundo domingo después de la Pascua. El
oficio de cuerpo presente parecía más a una solemnidad eclesiástica,
según se dice: "Se puede saber si el difunto estaba bajo la
gracia de Dios, si durante su entierro, la tristeza de los presentes se
disuelve en un regocijo inefable". El ataúd con el cuerpo
de santo jerarca fue paseado en torno a la catedral, y al son del cántico
"Cristo ha resucitado", fue sepultado en la iglesia menor del
hospital, consagrada al venerable Sergio de Rádonezh y al santo
jerarca Juan Crisóstomo. Después de su fallecimiento, el
santo jerarca Ignati se presentó milagrosamente a varias personas
acompañado de cántico angélico:
"Luchador por la Ortodoxia, hacedor de penitencia y oración,
gran maestro, modelo de los jerarcas, inspirado por Dios, gloria y alabanza
del monaquismo, con sus escrituras purificaste a todos nosotros. Eje espiritual,
nuevo Crisóstomo, ruega la Palabra de Cristo Dios - la llevabas
en tu corazón - que nos done la penitencia antes de la muerte".
En otra ocasión el jerarca Ignati dijo: "¡No se preocupen
por lo terrenal! ¡Todo esto no es más que un sueño,
la vida terrenal no es más que un sueño! ¡Todo lo
que escribí en mis libros es verdad! El momento se aproxima, purifiqúense
con el arrepentimiento, prepárense para el éxodo. El tiempo
que vivimos aquí es sólo un instante, sólo un sueño...
Oren ininterrumpidamente". En la necrología publicada por
V. Askochenski, correligionario del difunto santo jerarca, en su revista
"Domashnia Beseda", el obispo Ignati se denomina "gran
starets". Leonid, obispo de Dimítrov escribió a Piotr
Brianchanínov: "Confío en que la gente ortodoxa rusa
aprenderá poco a poco las enseñanzas del difunto santo jerarca.
Si tratan de encontrar, encontrarán en su vida y escritos lo que
alimenta el alma de todo el mundo". La biografía más
completa del santo jerarca Ignati con la exposición de su doctrina
y con muchas de sus obras y cartas inéditas, fue redactada por
L. Sokolov y publicada en Kíev en 1915.
Con sus obras inspiradas y su vida el santo jerarca Ignati mostró
a todos los que buscan el camino a la salvación, un ejemplo de
pleno sacrificio en aras del cumplimiento estricto de los mandamientos
evangélicos y de la fidelidad a Jesucristo y a los altos ideales
de la vida cristiana en medio de todas las falsedades de la vida humana.
Desde junio de 1988, las reliquias del santo jerarca se guardan en el
templo de El Salvador, en el monasterio de la Presentación, del
Togla, en Yaroslavl.
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