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La "Crucifixión de nuestro Señor Jesucristo" es una de las
imágenes más trágicas y majestuosas creadas en la
iconografía de la antigua Rus. Sobre la cruz es crucificado el
Hijo de Dios y el Hijo del hombre: Jesucristo. Él como cordero
conducido al matadero, es llevado al sacrificio para la redención
de nuestros pecados, para la salvación del género humano.
A los pies de la cruz se representa una grieta: son las entrañas
de la tierra. En ellas vemos una calavera que nos muestra lo que está
invisible, escondido. El polvo del primer hombre, Adán, simbolizado
por este cráneo, es bañado por la sangre que cae de los
pies traspasados de Cristo, la sangre de la redención.
La Crucifixión, la cruz con el cuerpo de Cristo, se levanta de
la tierra hacia el cielo. Es el puente que une la tierra con el reino
del cielo. El hombre puede levantarse hacia este reino, hacia la eternidad,
desde su condición de pecado terrenal, desde su vida de vanagloria
y soberbia.
Y el propio Cristo es el nuevo Adán: "Pues del mismo modo que
en Adán mueren todos, así también todos revivirán
en Cristo. Pero cada cual en su rango: Cristo como primicias; luego los
de Cristo..."
La crucifixión y la muerte de Jesucristo sobre la cruz están
acompañadas de hechos terribles y aterradores: "Desde la hora
sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona. Y alrededor
de la hora nona clamó Jesús con fuerte voz: «¡Elí,
Elí! ¿lemá sabactaní?», esto es: «¡Dios
mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?»
(Mt 27,45-46).
Uno de los soldados tomó una esponja, la empapó de vinagre
y, sujetándola a una caña, le ofreció de beber. Y
Jesús, dando un fuerte grito, exhaló el espíritu.
"En esto, el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo;
tembló la tierra y las rocas se hendieron. Se abrieron los sepulcros,
y muchos cuerpos de santos difuntos resucitaron. Y, saliendo de los sepulcros
después de la resurrección de él, entraron en la
Ciudad Santa y se aparecieron a muchos" (Mt 27,51-53). Después
de la muerte de Jesús, uno de los soldados le atravesó el
costado con una lanza y al instante salió sangre y agua. El gran
acto de la redención se había cumplido.
El centurión Longinos, al ver estos hechos terroríficos
que acompañaron la pasión y la muerte de Jesucristo, creyó
en Él como Hijo de Dios. En el icono, el centurión está
a la derecha de la cruz, tras el evangelista Juan, que está llorando.
A éste le confió Cristo crucificado el cuidado de su madre:
"Ahí tienes a tu madre". A la izquierda de la cruz está
la Virgen Maria y, detrás de ella, otra Maria (generalmente María
Magdalena) o bien las tres Marías. La Madre de Dios lleva vestidos
oscuros. Su actitud, su rostro, expresan un dolor que no puede ser consolada.
Sobre la cabeza de Cristo está colocada una tablilla con la inscripción
de Poncio Pilato: "Jesús Nazareno Rey de los Judíos"
(INRI). La palabra "nazareno" se asocia, sobre todo, con la ciudad de
Nazaret, donde la Virgen Maria vivió después de haber sido
prometida a José, donde tuvieron lugar la Anunciación y
la Inmaculada Concepción por obra del Espíritu Santo, y
donde Jesús pasó su infancia y su juventud. Pero es más
probable otra versión: "nazareno" también puede venir de
la palabra hebrea "nazir", que puede traducirse como "justo" (existió
el voto del nazireato: la oferta de uno mismo a Dios). Todavía
otra versión vincula estas palabras con la profecía de Isaías
(11,1), en la que se dice que el Mesías provendrá del germen
brotado del tronco de Jesé ("germen" en hebreo se dice "nezer").
En la parte alta de la Crucifixión se representan dos ángeles
que vuelan. Las letras cirílicas que a menudo se pueden leer en
estas imágenes, significan:
- cabeza de Adán; -
monte Gólgota;
- el lugar del cráneo era el paraíso; K. - lanza (con la
que fue traspasado el costado de Cristo); T. - caña (sobre la que
llevaron a la boca de Jesús la esponja empapada en vinagre);
- "vence", "victoria".
En
los iconos rusos, Jesús está clavado a la cruz con cuatro
clavos (en las representaciones católicas, con tres). En los iconos
antiguos de la Crucifixión, Jesucristo está representado
con mucha discreción. Sus sufrimientos no se muestran con exageración,
se sobreentiende que no es posible transmitirlos.
Cristo ha aceptado la dolorosa muerte: "Todo está cumplido".
El icono es sólo una imagen simbólica de su Divino sacrificio,
cuya naturaleza profunda no puede ser alcanzada ni representada.
En los cuadros europeos de la Crucifixión, los sufrimientos de
Cristo suelen representarse de modo naturalista. A ello contribuyó
la amplia difusión en la Europa de los siglos XV-XVI de las revelaciones
de Brígida de Suecia (1303-1373). Le fue revelado que "cuando Jesús
exhaló el espíritu, sus labios se abrieron, así que
los espectadores pudieron ver la lengua, los dientes y la sangre sobre
los labios. Los ojos estaban entornados. Las rodillas se han doblado de
una parte, las plantas de los pies han retorcido los clavos, como si estuvieran
dislocados. Los dedos y las manos curvadas convulsamente están
extendidas". Las revelaciones de Brígida encontraron su encarnación
en los cuadros de la Crucifixión realizados, por ejemplo, por Grùnewald
(alrededor de 1470-1528).
Las antiguas imágenes rusas de la Crucifixión son más
recogidas y, se puede decir, avaras al expresar los sentimientos. Lo que
está sucediendo no puede ser medido de ningún modo, y el
lenguaje de los símbolos, severo, lacónico y convencional,
para ser, en este caso, más conveniente. |