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La última Cena es la última comida de Jesúcristo
con sus apóstoles. Cristo ha resumido lo que enseñó
y ha dado el último mandamiento a sus discípulos: "Os
doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que,
como yo os he amado, así os améis también vosotros
los unos a los otros" (Jn 13,34).
Después, Jesús los introduce en el misterio de la Comunión:
"...Tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y,
dándoselo a sus discípulos, dijo: "Tomad, comed, éste
es mi cuerpo." Tomó luego una copa y, dadas las gracias,
se la dio diciendo: "Bebed de ella todos, porque ésta
es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón
de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé de este producto
de la vid hasta el día aquel en que lo beba con vosotros, nuevo,
en el Reino de mi Padre." (Mt 26,26-28).
También ha dicho que uno de los discípulos le traicionaría,
y que Pedro le negaría tres veces aquel día. "El que
ha mojado conmigo la mano en el plato, ése me entregará.
El Hijo del hombre se va, como está escrito de él" (Mt
26,23-24). "Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que
el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo
y os recordará todo lo que yo os he dicho" (Jn 14, 26).
El Salvador ha preparado a los apóstoles para el servicio. "Como
tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al
mundo" (Jn 17,18) ha dicho Cristo en su oración al Padre. La
última cena, que ha tenido lugar en el cenáculo, es decir
en la habitación de una de las casas de Jerusalén, ha adquirido
un sentido universal y un sentido sobrenatural.
Después de la cena, Cristo fue con sus apóstoles a Getsemaní.
"...Sentaos aquí, mientras voy allá a orar. Y tomando
consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir
tristeza y angustia. Entonces les dice: "Mi alma está triste
hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo". Y
adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba
así: "Padre mío, si es posible, que pase de mí
esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú".
Viene entonces donde los discípulos y los encuentra dormidos"
(Mt 26,36b-40a). El sentido de este episodio es muy grande: Jesucristo
es verdadero Dios, pero también es verdadero hombre y la angustia
antes de la muerte no le fue extraña, también le alcanzó
a él. Pero la ha vencido por la salvación de los hombres.
En cambio, los apóstoles no han podido tampoco vencer al sueño
y se han dormido tres veces, a pesar de que el Maestro les pidió
que velaran.
Los acontecimientos se desarrollaron atropelladamente. En el icono de
Novgorod están representados de manera fiel y concisa, como se
suceden en el Evangelio.
La cena. Jesús acaba de decir que uno de sus apóstoles le
traicionaría. Los discípulos se miran entre sí con
perplejidad y miedo. ¿Quién traicionará a Cristo?
El traidor está señalado: es Judas que, agachado, tiende
la mano para tomar pan. Su posición repite la de Juan, el discípulo
amado de Cristo, que se inclina hacia Él con humildad y calor.
La fidelidad y la traición. ¿Cómo distinguir a los
dos apóstoles, cuyo comportamiento y movimiento exterior son iguales?
Eso es sólo posible con el ojo espiritual...
Cristo lava los pies de los discípulos. Con su gesto enseña
la plena renuncia a la soberbia. Los apóstoles tienen que ir por
el mundo humildes, como el Maestro.
El Hijo ruega al Padre acerca del cáliz: "...pero no sea como
yo quiero, sino como quieras tú".
Y aparece Judas, que viene con una multitud de personas, y besa a Cristo.
Los apóstoles huyen asustados. En este momento se inicia la pasión
del Señor...
En el icono, el rostro de Judas en el icono no aparece caracterizado con
rasgos antipáticos. El iconógrafo no se apropia del derecho
a juzgar. Así, la misma traición se revela un engaño
aún más vil, porque se esconde tras una falsa fidelidad.
El rostro de Judas es "como el de los otros".
En la Europa occidental, donde se ha asimilado el concepto del libre albedrío,
se ha decretado la indiscutible condena de Judas. Pudo no traicionar a
Cristo, pero en la libertad de su elección ha caminado por la calle
de la traición. Esto encontró enseguida su expresión
en el arte. Judas fue representado de tal forma que su rostro repelente
indicó enseguida quien fue el traidor. Uno de los primeros en pintar
así a Judas fue Giotto. |