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La Presentación es el encuentro del justo anciano Simeón
con el Niño, el Hijo de Dios. La palabra "sretenie" (presentación)
en eslavo antiguo significa "encuentro.
Según la tradición, Simeón fue uno de los setenta
y dos "intérpretes" que, en los años del reinado de Ptolomeo
II, en Egipto, tradujeron la Biblia al griego. Traduciendo el libro del
profeta Isaías, Simeón dudó de la profecía
sobre el nacimiento del Niño (Emmanuel) de una virgen (Is 7,14).
Un ángel se le apareció a Simeón y le dijo que no
moriría hasta que no hubiera visto con sus propios ojos al Niño
y quedara así convencido de la profecía. Y he aquí
al anciano Simeón, cansado de una larga vida, obligado a esperar
el cumplimiento de la profecía.
Según el antiguo Testamento, cada primogénito debía
ser consagrado a Dios. Al cuadragésimo día después
del nacimiento, los padres llevaban al niño al templo de Jerusalén,
para "presentarlo al Señor" junto al sacrificio prescrito: dos
palomas (Lc 2,22-24). También Maria, la Madre de Dios, y José
llevaron al Niño Jesús al templo cuarenta día después
del nacimiento.
El justo Simeón, movido por el Espíritu Santo, también
había acudido al templo. "... y cuando los padres introdujeron
al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía
sobre él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: Ahora,
Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se
vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has
preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles
y gloria de tu pueblo Israel. Su padre y su madre estaban admirados de
lo que se decía de él. Simeón les bendijo y dijo
a María, su madre: Éste está puesto para caída
y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción
¡y a ti misma una espada te atravesará el alma a fin de que
queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.
Estas palabras de Simeón contienen dos profecías. La primera
afecta a todos los hombres que acepten al Hijo de Maria: renacerán
espiritualmente; en cambio, los que no lo acepten, irán a la ruina.
Mientras, "El que viene" será objeto de discusiones y persecuciones...
La segunda profecía afecta a la propia Maria: "a ti misma una espada
te atravesará el alma" es un cauto aviso sobre las pruebas futuras:
su Hijo será crucificado y morirá en medio de tormentos...
En el encuentro del Niño en el templo también participó
la profetisa Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada;
después de casarse había vivido siete años con su
marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años;
no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos
y oraciones. También ella, al ver al Niño, habló
de Él a todos los que esperaban la salvación, y bendecía
al Señor.
La Presentación es la prueba del cumplimiento de las profecías:
el Niño ha venido ael mundo, concebido por el Espíritu Santo
y nacido de la Virgen Inmaculada. Dios ha venido al mundo encarnado bajo
forma humana.
La Presentación es también el encuentro del Antiguo y el
Nuevo Testamento. El anciano Simeón representa al antiguo Testamento,
"que pasa de la escena de este mundo." El Niño es la salvación
que viene al mundo, el Nuevo Testamento entre Dios y los hombres. La iconografía
de la mayoría de los iconos rusos en los que se muestra la Presentación
está construida de forma que el Niño se encuentra en el
centro de la imagen, sobre el altar y bajo el baldaquino, es decir, el
velo que cubre las santas especies consagradas sobre el altar.
Inclinado hacia Él, el anciano Simeón sujeta atenta y delicadamente
al Niño, que no puede ser "abrazado". Maria está a la izquierda.
Su actitud y su rostro expresan toda una gama de sentimientos, pero en
su alma, ahora y para siempre, ha entrado la angustia. Detrás de
ella está José, que tiene en la mano dos tórtolas
(o dos palomas). Detrás de Simeón vemos a Ana. Su rostro
es el de la profetisa inspirada. El altar y el baldaquino se encuentran
tras las figuras de Maria y Simeón, pero la firme convención
y el simbolismo de los procedimientos figurativos sobreentienden que el
Niño Jesús se encuentra sobre el altar y bajo el baldaquino
(dentro del templo). El lenguaje de los convencionales movimientos espaciales
es un lenguaje usual y comprensible en el medievo ruso, y los expertos
iconógrafos supieron crear, utilizando este lenguaje, obras llenas
de delicadeza y fortaleza interior.
El paño rojo en lo alto de la imagen significa que el hecho ocurre
bajo el patrocinio (amparo) de Dios, y el color simboliza la festividad
de lo que está ocurriendo; también profetiza el futuro sacrificio.
La composición y la gama cromática de los iconos rusos de
la Presentación es tal que, en los que los miran, se crea una percepción
de profunda e inexplicable serenidad. Una serenidad sorprendente. Serenidad
tras la que se descubren, de forma incomprensible, los futuros acontecimientos
dramáticos de alcance universal... |