La entrada de Jesús en Jerusalén

La Presentación
La Presentación. Novgorod. Siglo XV y principios del XVI La Presentación es el encuentro del justo anciano Simeón con el Niño, el Hijo de Dios. La palabra "sretenie" (presentación) en eslavo antiguo significa "encuentro.
Según la tradición, Simeón fue uno de los setenta y dos "intérpretes" que, en los años del reinado de Ptolomeo II, en Egipto, tradujeron la Biblia al griego. Traduciendo el libro del profeta Isaías, Simeón dudó de la profecía sobre el nacimiento del Niño (Emmanuel) de una virgen (Is 7,14). Un ángel se le apareció a Simeón y le dijo que no moriría hasta que no hubiera visto con sus propios ojos al Niño y quedara así convencido de la profecía. Y he aquí al anciano Simeón, cansado de una larga vida, obligado a esperar el cumplimiento de la profecía.
Según el antiguo Testamento, cada primogénito debía ser consagrado a Dios. Al cuadragésimo día después del nacimiento, los padres llevaban al niño al templo de Jerusalén, para "presentarlo al Señor" junto al sacrificio prescrito: dos palomas (Lc 2,22-24). También Maria, la Madre de Dios, y José llevaron al Niño Jesús al templo cuarenta día después del nacimiento.
El justo Simeón, movido por el Espíritu Santo, también había acudido al templo. "... y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel. Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.
Estas palabras de Simeón contienen dos profecías. La primera afecta a todos los hombres que acepten al Hijo de Maria: renacerán espiritualmente; en cambio, los que no lo acepten, irán a la ruina. Mientras, "El que viene" será objeto de discusiones y persecuciones... La segunda profecía afecta a la propia Maria: "a ti misma una espada te atravesará el alma" es un cauto aviso sobre las pruebas futuras: su Hijo será crucificado y morirá en medio de tormentos...
En el encuentro del Niño en el templo también participó la profetisa Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. También ella, al ver al Niño, habló de Él a todos los que esperaban la salvación, y bendecía al Señor.
La Presentación es la prueba del cumplimiento de las profecías: el Niño ha venido ael mundo, concebido por el Espíritu Santo y nacido de la Virgen Inmaculada. Dios ha venido al mundo encarnado bajo forma humana.
La Presentación es también el encuentro del Antiguo y el Nuevo Testamento. El anciano Simeón representa al antiguo Testamento, "que pasa de la escena de este mundo." El Niño es la salvación que viene al mundo, el Nuevo Testamento entre Dios y los hombres. La iconografía de la mayoría de los iconos rusos en los que se muestra la Presentación está construida de forma que el Niño se encuentra en el centro de la imagen, sobre el altar y bajo el baldaquino, es decir, el velo que cubre las santas especies consagradas sobre el altar.
Inclinado hacia Él, el anciano Simeón sujeta atenta y delicadamente al Niño, que no puede ser "abrazado". Maria está a la izquierda. Su actitud y su rostro expresan toda una gama de sentimientos, pero en su alma, ahora y para siempre, ha entrado la angustia. Detrás de ella está José, que tiene en la mano dos tórtolas (o dos palomas). Detrás de Simeón vemos a Ana. Su rostro es el de la profetisa inspirada. El altar y el baldaquino se encuentran tras las figuras de Maria y Simeón, pero la firme convención y el simbolismo de los procedimientos figurativos sobreentienden que el Niño Jesús se encuentra sobre el altar y bajo el baldaquino (dentro del templo). El lenguaje de los convencionales movimientos espaciales es un lenguaje usual y comprensible en el medievo ruso, y los expertos iconógrafos supieron crear, utilizando este lenguaje, obras llenas de delicadeza y fortaleza interior.
El paño rojo en lo alto de la imagen significa que el hecho ocurre bajo el patrocinio (amparo) de Dios, y el color simboliza la festividad de lo que está ocurriendo; también profetiza el futuro sacrificio.
La composición y la gama cromática de los iconos rusos de la Presentación es tal que, en los que los miran, se crea una percepción de profunda e inexplicable serenidad. Una serenidad sorprendente. Serenidad tras la que se descubren, de forma incomprensible, los futuros acontecimientos dramáticos de alcance universal...






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