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A principios del siglo XV, el gran príncipe moscovita Basilio Dmitrievic
se dirigió al patriarca de Constantinopla con una pregunta: "hace
falta recordar el nombre del emperador de Bizancio durante las celebraciones
de las iglesias rusas ahora que Moscú tiene su propio gobernador?
La respuesta del patriarca Antoni guarda las tradiciones de la época
de grandiosidad del imperio: sólo puede haber un césar,
"césar y monarca absoluto del Imperio Romano (occidental y oriental
juntos), es decir, de todos los cristianos". La respuesta de Constantinopla,
hablando literalmente, no le hizo ninguna gracia a Moscú. Pero
en aquel tiempo no cabía esperar otra respuesta de Bizancio.
La Unión de Florencia, aceptada por Bizancio en 1439, supuso un
fuerte golpe a la conciencia canónica de los rusos. Los cánones
eclesiásticos prescribieron la obediencia al Patriarca Universal
de Constantinopla. La conciencia religiosa no permitía reconocer
a otro patriarca apóstata. La Unión presentó ante
la iglesia rusa serios cimientos para la adquisición de la independencia.
El arzobispo de todas Rusia, el griego Isidoro, ferviente partidario de
la Unión, fue detenido y luego huyó de Moscú. Los
rusos decidieron hacer una elección muy dolorosa para ellos: en
1448, dejó de obedecerse al patriarca de Constantinopla, como antes,
pues el concilio de los obispos rusos nombró un arzobispo metropolitano
de Moscú y todas las Rusias: Iona, arzobispo de Riazan, ya elegido
para la sede de la metrópolis en 1441 pero no confirmado entonces
por Constantinopla.
Se
iniciaba la época de autocefalia: la plena independencia de la
Iglesia rusa. En el ámbito de la ideología política,
esta época está marcada por la afirmación de la versión
bizantina original de la idea teocrática, es decir, de la idea
de monarquía absoluta universal.
En Bizancio, esta idea se apoyó en la enseñanza de los "cuatro
reinos", de los que se habla en el Biblia, en la visión descrita
por el profeta Daniel. Los ideólogos de Constantinopla entendían
que los "cuatro reinos" fueron los imperios mundiales que sucesivamente
fueron reemplazándose: Asiria, Babilonia, Persia y Roma. Constantinopla
la "nueva Roma" continúa la historia del imperio romano
ya como un reino ortodoxo. En
la Rus, esta idea se transformó en una doctrina sobre la sucesión
de Moscú como reino cristiano. Bajo formas diferentes, la idea
de "Moscú, la tercera Roma" se reflejó en las obras maestras
del arte ruso de los siglos XIV y XV. Además, se reforzó
gracias a la boda del gran príncipe Iván III (1462-1505)
con Sofía Paleologa, nieto del último emperador bizantino
Constantino XI, muerto por los turcos. Iván III fue el primero
en asumir en la Rus el título de zar y adoptó como escudo
de armas ruso el águila bizantina de dos cabezas: la Rus declaró
oficialmente que se apropiaba de la herencia del ortodoxo "Imperio de
los romanos". En los años de gobierno de Iván III, a veces
se añadía a su título la fórmula "zar por
la gracia de Dios y príncipe grande". Con el gobierno de su hijo
Basilio III, la idea de la "tercera Roma" encontró su forma final
en la profecía de Filiteo, staretz del monasterio de Pskov: "...
dos Romas han caído, la tercera permanece firme y la cuarta no
existirá." El hijo de Basilio III, Iván IV (que ha entrado
en la historia como Iván el Terrible), se coronó zar en
1547 a ejemplo de los emperadores bizantinos. Es probable que esta ceremonia
se hiciera por consejo del arzobispo metropolitano Macario, que ciñó
la cabeza del joven Iván IV con la corona imperial. Para la plenitud
del ideal teocrático bizantino un cuerpo eclesiástico-estatal
con "dos cabezas": el zar y el patriarca faltó solamente
el título de patriarca para el jefe de la Iglesia rusa.
En enero de 1589, bajo el gobierno del zar Fiódor Ioannovic, el
patriarca de Constantinopla Jeremías vino a Moscú y nombró
primer patriarca de Moscú y de todas las Rusias al arzobispo metropolitano
Iova. |