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La imagen en el Judaísmo
En general la actitud del judaísmo hacia la imagen es negativa.
Esta fundada en la prohibición del Pentateuco: “No te harás
escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de
lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de
la tierra” (Ex. 20,4). Pero Ex. 20,23 y Dt. 27,15 parecen limitar
esta prohibición a la representación de los dioses, es decir
de los ídolos. Pero no toda representación figurativa estaba
prohibida, como lo demuestra el episodio de la serpiente de bronce (Nm.
21,4-9 y Ex. 25,18) en las órdenes concernientes a los querubines
del Arca: “Construirás dos querubines de oro trabajados a
martillo…”, ordenes repetidas en el momento de la construcción
del templo de Salomón (1R 6,23). Del mismo modo Ezequiel habla
de las palmeras como ornamentos del Templo, además de los querubines
con dos caras, una de hombre y otra de león (Ez. 40,16-31; 41-18).
Es posible que la prohibición haya tenido un sentido teológico,
mas que el apartar al pueblo de Israel de la idolatría. Esto se
descubre en el Nuevo Testamento, la naturaleza humana y con ella toda
la creación no pueden ser imagen sacra porque por el pecado de
Adán están separadas del Creador así la imagen de
Dios esta mutilada en el hombre, no tiene mas relación con el Creador,
expresa una realidad falsa y se torna ídolo. Cabe preguntarse por
qué están habilitados los querubines entonces? Justamente
porque por ser espíritus fieles a Dios pueden figurar como protectores
del Arca, es decir, no les alcanza el pecado del hombre, en este caso
Adán, que repercutirá en todos los hombres, hasta que por
el bautismo se liberen del pecado original. Vale entender en este punto
el valor enorme de la Encarnación, precisamente del Bautismo de
Cristo para ejemplo de todos. Posiblemente en el judaísmo la negación
del advenimiento de Cristo como Hijo de Dios mantiene la prohibición
y su rechazo a las imágenes. Sin embargo es en la Sinagoga de Dura
Europos en la Mesopotamia (s. III d.J.C.) donde se encuentran desarrolladas
imágenes del Antiguo Testamento (lo que sorprende), como las historias
de Elías, de Moisés, de Daniel allí representadas.
El espectador tiene la impresión de que este arte es precursor
del arte Bizantino. La
imagen entre los griegos
Por el contrario, para los griegos, la imagen conservaba un carácter
misterioso e incluso mágico. Sus imágenes provienen de cultos
orientales muy antiguos. El mortal que osaba mirar a los dioses era castigado
con la locura o la ceguera, pero la necesidad de la imagen es inherente
al mundo helénico, las estatuas de Atenea o Artemisa, así
lo atestiguan aunque eran consideradas “como no hechas por la mano
del hombre” sino descendidas del cielo. Los hombres sabios consideraban
peligroso esta veneración popular (ver Platón XI, 931a)
pero pensaban que las personas cultas debían participar en ella
para obtener el favor de los dioses y complacer a los hombres por que
el pueblo simple tiene necesidad de las representaciones visibles del
divino.
En el Imperio Romano
Al comienzo de la época histórica, la religión
de los romanos probablemente no tenía imágenes. Es bajo
la influencia de la cultura griega que se desarrollo un arte religioso
que permaneció siempre pendiente. Además en el Oriente
helenístico, los retratos de los soberanos eran objeto de culto
de adoración que será el origen del culto de los emperadores
romanos. Si Augusto y sus sucesores rechazaban todavía los honores
debidos a los dioses, bajo Calígula el culto se tornó
obligatorio por ley. Tanto en la antigua Roma como en la nueva, el retrato
del emperador representaba la presencia misma del emperador. Esta presencia
eficaz del retrato del emperador responde a las reglas del derecho romano.
Se comprende entonces que luego de la conversión al cristianismo,
esta presencia eficaz de orden jurídico unida a la tradición
religiosa del culto imperial se halla transformado para adquirir una
nueva sacralización que, finalmente, pasará a las imágenes
cristianas. Esta prehistoria de los iconos es importante para comprender
su rol y su misma concepción en el mundo bizantino. |