El apóstolo San Lucas diseña el icono de la Madre di Dios

Historia del Icono
Salvador Pantocrator El arte del icono inicia su camino durante el período de las persecuciones a los cristianos. Una primera evolución se registra en algunas formas del arte primitivo judeo-cristiano en las catacumbas, en algunas iglesias de Oriente y luego en los mosaicos.
Paradójicamente los primeros destellos del arte iconográfico se manifiestan independientemente del cristianismo.
Roma conquista el Oriente donde las tradiciones locales subyacentes a la influencia Grecorromana se infiltran y se imponen de forma misteriosa. En Egipto esta fusión interior se cristaliza en los retratos de los sarcófagos, llamados retratos del Fayum, en los cuales, aún siguiendo los cánones romanos del retrato, el pintor se orienta hacia una estilización que lleva a las puertas del icono: los labios cerrados, la nariz afilada, los ojos inmensos, nos muestran un rostro idealizado; están pintados invariablemente de frente con la mirada fija en el espectador. El helenismo es orientalizado; los relieves funerarios de Palmira fundan una estética Greco-siria. El difunto se representa de pie o de medio cuerpo; se le inscribe el nombre y se le agrega el término arameo Nafscha: soplo, alma, persona.
La pintura recibe la influencia del antiguo Oriente. Los personajes, privados de su peso se colocan sobre un fondo unidimensional; la profundidad del espacio que se abre sobre ellos se transforma en una superficie monocroma y uniforme. El estilo es lineal; la línea de dibujo recoge meticulosamente los distintos elementos de la composición: los pliegues del drapeado, los elementos de la arquitectura, los objetos y los adornos son estilizados y esquematizados. Son rechazados los movimientos naturales. Los gestos se mantienen dentro de los límites fijos e inmutables. El hieratismo condiciona e impera.
Bizancio cristaliza el arte. A través de la alteridad de las estéticas, la Iglesia de Oriente fija su propio lenguaje plástico. En el siglo IV (año 395) Constantinopla se convierte en la nueva Roma. Se reconoce el cristianismo como religión lícita y se pone a disposición de los cristianos edificios y otros lugares. De la edad de las catacumbas, los cristianos pasan a las basílicas. Aún apareciendo bajo figuras simbólicas Cristo se concretiza y se personifica. Los estilos se compenetran y se funden; la indumentaria es estilizada, los rasgos de la fisonomía iluminados por el alisamiento de la superficie: los ojos, la boca, la nariz, los oídos y los rizos del pelo son dibujados en relieve lineal.
En Bizancio el simbolismo se pone al servicio de un realismo místico. El reino de los símbolos refleja la realidad inteligible; la materia es reabsorbida en la luz. Una concepción icónica unifica la nueva estética.
El arte de los iconos atraviesa por diferentes etapas.
La primera se desarrolla en el siglo VI durante el imperio de Justiniano. Es entonces cuando se levanta la majestuosa basílica de Santa Sofía.
La segunda, durante el reinado de los emperadores Macedonios y Comnenos, en los siglos X – XII, constituye el llamado renacimiento bizantino durante el cual el arte de Bizancio se humaniza.
La tercera etapa es el período de esplendor, la edad de oro del arte sacro, durante la época de los Paleólogos; se abandona la hieraticidad, se cristaliza el humanismo y comienza un arte vivo y en movimiento.

Redescubrimiento del Icono

La cultura bizantina penetró en Rusia en el siglo X encontrando un gran desarrollo, pero a causa del crecimiento de las corrientes artísticas occidentales los iconos fueron pasando al olvido dentro del ámbito artístico, no siendo reconocidos como pintura.
A comienzos del siglo XX gracias a los esfuerzos de los restauradores, estudiosos del arte y especialistas eclesiásticos se descubrió el auténtico valor del icono ruso; durante este proceso, se dieron cuenta de las altísimas cualidades artísticas que poseía el mismo. En efecto, los pintores se quedaban sorprendidos por la fuerza del lenguaje figurativo del icono, por sus colores, por su expresivo diseño, por su renuncia a los principios del naturalismo; se le da entonces un espacio: un arte entre las demás artes, y es reconocido como un valor artístico mundial.






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