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La déesis es la intercesión o súplica que la Virgen
dirige a Cristo. “ No dejes de interceder nunca, oh Virgen ( ruega
la liturgia) ante quien inefablemente has dado ha luz, el amigo de los
hombres para que salve de todos los peligros a cuantos en ti se refugian”.
El icono de la déesis intenta destacar la intercesión incesante
de la madre a favor de sus hijos espirituales. Su mediación es
absolutamente superior a la de los demás santos, ya que ella es
la Madre del Rey que intercede ante su Hijo Pantocrator, la que suplica
al Hijo mayor por sus hijos menores.
La Virgen está revestida de realeza divina como lo testimonia su
maphorion (manto) rojo púrpura adornado con un precioso galón.
Las tres estrellas bordadas son el signo dogmático de su virginidad
perpetua. El azul de la túnica muestra su piedad inmensa como el
cielo.
La Virgen está inmóvil en su súplica intercesora
pero actuante en su espíritu. La intensidad de su interior se refleja
en su mirada suplicante, delicada y convincente que revela de manera expresiva
la fuerza extraordinaria de su alma y el señorío de su espíritu
sobre su cuerpo. Como si todo en ella se hubiera detenido en la espera
de la respuesta divina, ya de por si descontada, a la que tiende los oídos
de su alma. |