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La imagen de Cristo Pantocrátor es realmente la figura de Jesús
más difundida y conocida; expresa la Epifanía del Dios trascendente
que ha tomado forma humana. Es la imagen del Señor del Universo,
del Omnipotente.
La Patrística, fundándose en los datos del Antiguo y del
Nuevo Testamento y utilizando algunas nociones y expresiones de la filosofía
helenística, estableció el concepto de Pantocrátor
viendo en este epíteto divino cuatro elementos conceptuales: Omnipotencia,
Omniconservación, Omnicomprensión y Omnipresencia. En otras
palabras Dios es Pantocrátor porque domina todo lo creado, lo conserva
todo en el ser, abrazándolo y conteniéndolo todo en sí
y por consiguiente, penetrándolo y llenándolo todo de sí
a través de su Omnipotencia. Además de esto, la Patrística
tiene el mérito de haber ampliado el sujeto de atribución
consciente y justificada al Hijo como Logos solamente, y al Hijo como
Logos encarnados.
En la iconografía, el Cristo Pantocrátor es uno de los temas
mas repetidos y significativos, especialmente si se incluyen todas sus
formas diversas: desde los grandes mosaicos y frescos, en los cuales el
Pantocrátor domina en las cúpulas y en los ábsides
de las Iglesias, hasta los marfiles y las monedas, en los cuales se encuentra
la misma imagen sustancialmente idéntica a la de los iconos (o
pintura de caballete), a la cual nos limitamos. Hay elementos permanentes,
como el cabello en casco, la barba, la diestra bendiciendo, mientras que
otros pueden variar parcialmente: el libro de las Escrituras sostenido
en la mano izquierda puede estar abierto o cerrado, la expresión
severa o mas benigna del rostro, el nimbo alrededor de la cabeza diferente,
el brazo derecho está a veces mas envuelto y sostenido por la toga,
la misma inscripción del Pantocrátor no se encuentra en
la mayoría de los ejemplares, especialmente antiguos. Sin embargo
se lo reconoce al punto. También en un álbum divulgativo
se indicaba: “En la hierática Bizancio el tipo (de Cristo)
se fijará de una vez por todas, desafiando a los siglos. Los Pantocrátor
del siglo XVI que se ven en el monte Athos parecen hermanos y contemporáneos
de los que Justiniano y Teodora hacían representar en mosaico en
Santa Sofía o en Ravena”.
Los vestidos
En la tipología del Pantocrátor, Cristo tiene una túnica
púrpura listada por una faja vertical de oro y está ceñido
por un manto azul.
La púrpura y el oro, como es sabido, estaban reservados en la antigüedad
al rey; por lo cual, en este caso, se pone de manifiesto la realeza divina
de Cristo. No obstante, tras esta simbología de los colores, se
oculta otro significado más importante: el misterio de la Encarnación.
La faja se inspira en la imagen del Apocalipsis: “Al volverme, vi
siete candeleros de oro, y en medio de los candeleros a un Hijo de Hombre,
vestido de una túnica de talar, ceñido al talle con un ceñidor
de oro”. Ap. 1-13
El color azul del manto simboliza la naturaleza humana del Señor,
como también es símbolo de misericordia, del amor de Dios
hacia los hombres. “Clemente y compasivo es Yahveh, tardo a la cólera
y lleno de amor. Como se alzan los cielos por encima de la tierra, así
de grande es su amor para los que le temen”. Sal. 102-8, 11
¡Alma mía, bendice a Yahveh! ¡Dios mío que
grande eres!
Vestido de esplendor y majestad, arropado de luz como de un manto.
Sal. 103-1, 2
El rostro
El rostro del Pantocrátor casi siempre es severo, pero también
se lo ha representado con una mirada de bondad que acaricia el alma.
“Pues el mismo Dios que dijo de las tinieblas brille la luz, ha
hecho brillar la luz de nuestros corazones, para irradiar el conocimiento
de la gloria de Dios que está en la Faz de Cristo”. 2 Cor.
4-6 “Le dice Felipe: Señor muéstranos al Padre
y nos basta.
Le dice Jesús: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros
y no me conoces Felipe?
El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.
Creedme: Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí”.
Jn. 14-8, Por lo tanto, Cristo, al encarnarse se ha convertido en el icono
de Dios Padre en el Espíritu Santo.
“Mas todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como
un espejo la gloria del Señor, nos vamos transformando en esa imagen
cada vez más gloriosos: así es como actúa el Señor,
que es Espíritu”. 2 Cor. 3-18
El nimbo
En esta aureola, que simbólicamente sirve para resaltar la importancia
y excelencia del personaje, se perfilan los contornos de una cruz. Dentro
de esos contornos se han inscrito las tres letras griegas “ómicron,
omega y ny” que significa: El que es, es decir el equivalente al
nombre sagrado de Dios, cuya persona nos ha sido revelada, pero cuya esencia
permanece inaccesible.
En efecto cuando Moisés pidió al Señor: “Si
yo voy a los israelitas y les digo: “El Dios de vuestros padres
me ha enviado a vosotros”
Cuando me pregunten: ¿cuál es su nombre? ¿qué
les responderé?
Dijo Dios a Moisés: “Yo soy el que soy” y añadió:
así dirás a los israelitas:
“Yo soy” me ha enviado a vosotros”.
Siguió Dios diciendo a Moisés: “Así dirás
a los israelitas: Yahveh, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham,
el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es
mi nombre para siempre, por él seré invocado de generación
en generación”. Ex. 3-13, 15
La mano que bendice
Este gesto, ostensible mediante la posición de los dedos, además
de su significado obvio quiere subrayar un doble misterio.
Los tres dedos abiertos quieren recordar las Tres Personas de la Santísima
Trinidad mientras que los otros dos, a las dos naturalezas de Jesucristo.
Toda bendición procede de Dios Trino por medio de Cristo hecho
hombre. A veces los dedos esbozan el monograma de Cristo: el meñique
la I, el anular la C, el medio y el pulgar cruzados la X y el índice
la segunda C (ICXC abreviatura griega que significa Jesucristo).
El libro
“Toda revelación será para nosotros como palabras
de un libro sellado”. Is. 29-11
Cristo al encarnarse, ha venido a traernos la buena noticia, el cumplimiento
de la Ley y los Profetas.
Cristo mismo es “el camino, la verdad y la vida”, pero nosotros
tenemos necesidad de una concreción simbólica de su mensaje,
confiado a los apóstoles. ¿Qué figura mejor
que el libro abierto puede expresar esta imagen?
El Creador de todas las cosas, al encarnarse, ha compuesto un libro nuevo,
salido del corazón del Padre, para ser escrito con la pluma del
Espíritu en la lengua de Dios.
En el libro abierto se percibe con claridad un breve pasaje del Evangelio
por ejemplo: “Venid a mi todos los que estáis fatigados y
sobrecargados y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo
y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón y hallareis
descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”.
O bien “Yo soy la luz del mundo” o “Aquel que me siga
no anda en tinieblas sino en la luz”, etc.
Son menos frecuentes las representaciones del Pantocrátor con el
libro cerrado, así como también existen versiones simplificadas
de la imagen habitual de medio cuerpo al presentar tan solo un busto,
ausentes las manos y partes del tronco, pero que pone el acento en la
mirada de Cristo: con la frente despejada que traduce una inteligencia
viva, los cabellos que caen sobre la nuca y los arcos de las cejas que
refuerzan la expresión de los ojos; las orejas pequeñas
pero visibles nos hablan de una actitud de atenta escucha. Su mirada majestuosa
y profunda, se posa inevitablemente en quien le observa y le reza.
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