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El templo cristiano tiene siempre como planta la cruz de Cristo, signo
de salvación. En Occidente, los templos se construían sobre
la planta de la cruz latina, alargada, hecho que crea un espacio dinámico,
extendido sobre el eje oriente-occidente, inclinado hacia el presbiterio,
lugar en el que, sobre el altar, se encuentran las Especies Eucarísticas.
Este movimento está subrayado por filas de columnas, que recuerdan
una solemne procesión, que seduce y atrae al que entra en la iglesia.
En la parte occidental del Imperio Romano se desarrollaba un cristianismo
social activo, misionero, y este hecho ha condicionado la elección
de las formas arquitectónicas correspondientes, el impetuoso despegue
de las torres y los campanarios góticos, como si trataran de asaltar
el cielo. La forma del pináculo, como coronamiento de la basílica,
reemplaza plenamente a la cúpula, tan amada en Oriente.
En la parte oriental del Imperio Romano se desarrollaba un cristianismo
de otro tipo: contemplativo, de oración y meditación, dirigido
a la trasformación interior del hombre. Aquí también
los templos han tomado otras formas. Ante todo, en la planta del templo
cristiano oriental encontramos la cruz griega, de brazos iguales; gracias
a ella, el espacio del templo es estático, centrado, congregado
bajo la cúpula, la cual, como un manto, abarca a los que están
orando. Lo principal aquí no es la dinámica del movimiento,
sino la paz de la contemplación, el recogimiento interior y la
percepción de la presencia divina. La basílica se transforma
aquí en un templo de cruz-cúpula. Esta forma, elaborada
en Bizancio, fue asimilada por Rusia, donde ha encontrado una larga difusión.
Así,
en las formas arquitectónicas de los templos se expresan la unidad
y la variedad de dos tradiciones: la occidental católica y la oriental
ortodoxa.
La basílica cristiana, como el Templo de Jerusalén, tiene
una estructura triple: el presbiterio (llamado santuario en la tradición
ortodoxa) en la parte oriental, la nave en la parte central, y el atrio
en la parte occidental. El presbiterio-santuario recuerda el Santo de
los Santos del Antiguo Testamento: sólo los sacerdotes pueden entrar
en él durante la celebración. En la tradición ortodoxa,
el santuario está separado de la nave con una tienda, que también
guarda analogías con el Templo de Jerusalén. Esta barrera
se ha transformado en Rusia en el iconostasio. |